martes, 28 de septiembre de 2021

80. La muerte de Marat

 


A pesar de título de la entrada no voy a escribir sobre Carlota Corday, ni sobre el cuadro de David que ilustra este post. Pero me he tropezado con un artículo de El País de hace unos meses y me ha sorprendido lo bastante como para incluirlo en esta modesta recopilación de curiosidades. Al mismo tiempo que una curiosidad histórica es también una curiosidad científica.

Para no hacer esto pesado, no voy a extenderme sobre Marat ni sobre las causas que llevaron a su asesinato. Si alguien quiere documentarse sobre el personaje puede acudir   a su artículo correspondiente en Wikipedia.

La pregunta que suscitó el interés de los científicos desde hace mucho tiempo era ¿Qué enfermedad de la piel atormentaba a Marat de tal forma que casi vivía dentro de la bañera, puesto que solo los baños calmantes le procuraban alivio? Hasta el punto que había instalado en el baño un tablero que le permitía leer y escribir. La pregunta no es baladí pues, de no haberse encontrado en el baño quizás hubiera tenido la oportunidad de esquivar la acometida del cuchillo de su asesina. Marat, que era médico, nunca supo cuál era su enfermedad. Pensaba que había contraído su mal en las alcantarillas de París, donde tuvo que refugiarse de sus enemigos políticos en pleno reinado del terror revolucionario.  Solía llevar un turbante empapado en vinagre y tomar baños fríos para suavizar los violentos picores .

Cuando fue asesinado Marat leía "El amigo del pueblo" la publicación que él mismo fundó y editó. Cuando Corday le apuñaló por sorpresa debajo de la clavícula derecha, le causó una herida mortal que le seccionó la aorta y perforó el pulmón. Y los márgenes del periódico quedaron cubiertos de sangre. Aunque su cuerpo fue depositado en El Panteón, los vaivenes políticos hicieron que  en 1.795 su mausoleo fuera destruido,   su busto retirado de la Convención y su cuerpo exhumado para ser conducido al cementerio de Sainte-Genevieve, por lo que los únicos restos biológicos seguros de Marat eran la sangre que empapó las páginas del periódico. La hermana de Marat guardó los papeles, que desde entonces pasaron por la mano de varios coleccionistas privados hasta ser donados a la Biblioteca Nacional, en París.

En 2.018, un equipo de científicos entró en la Biblioteca Nacional de Francia en busca de una página de periódico ensangrentada. Los investigadores pasaron un bastoncillo  tanto por la parte ensangrentada como por otra esquina sin manchas. Las muestras se enviaron al despacho de Carles Lalueza-Fox, genetista del CSIC en el instituto de Biología Evolutiva de Barcelona y uno de los mayores expertos del mundo en recuperar ADN antiguo.

Tras un año de trabajo, su equipo acaba de publicar los resultados del análisis genético. Han recuperado más de 500 millones de secuencias de ADN. 72 millones son humanas y la mayoría pertenecen a Marat. Este es el ADN más antiguo que se ha recuperado de un documento de papel, resalta el estudio. Los investigadores han conseguido reconstruir su genoma mitocondrial y parte del nuclear y han confirmado detalles de su árbol genealógico, como la procedencia de sus padres: una francesa y un sardo.

Sin embargo, lo más interesante está en las secuencias no humanas. Los investigadores han encontrado ADN de virus, bacterias y hongos en la sangre. Es muy probable que una muestra tan antigua que pasó por tantas manos tenga contaminación tanto de la época como actual. Para minimizarla, los investigadores han comparado el ADN de la esquina manchada con otra limpia en la misma página.

No se ha hallado rastro ni de sífilis, lepra, escrófula provocada por la bacteria de la tuberculosis, candidiasis debida a la diabetes o sarna, las enfermedades que desde la muerte de Marat le han atribuido diferentes investigadores. Según el análisis del equipo español es imposible saber qué enfermedad era la culpable, pero sí señalan al principal sospechoso: Malassezia restricta, un hongo que provoca dermatitis seborreica, otra de las hipotéticas dolencias de Marat.

“Este hongo habita solo en la piel humana, es extrañísimo encontrarlo en los documentos antiguos y su ADN nos dice que es una variante no actual, sino que puede ser de hace unos 200 años”, explica Lalueza-Fox. “En aquella época no había tratamientos contra esta infección, así que si llevaba tres años sufriéndola es posible que el hongo hubiese llegado a la sangre provocando inmunodepresión y sepsis. Si es así, Marat habría muerto en pocas semanas si no hubieran asesinado”, resalta.

El equipo ha hallado otros dos microbios cuyo ADN también indica que pueden ser de la época: Staphylococcus aureus, que causa eczema, y la bacteria del acné. Estas infecciones secundarias podrían haber contribuido a la comezón que persiguió al revolucionario hasta su muerte.

En un caso de genética forense con muestras de hace 226 años es lógico que haya cabos sueltos. Antonio Alonso, director del Instituto de Ciencias Forenses, explica que “el principal problema es que no hay ningún análisis genético comparativo de familiares para demostrar que se trata de una muestra de sangre de Marat”. “Por otro lado, el método de muestreo mediante hisopo es muy poco eficiente en comparación con realizar un recorte de la mancha para extraer ADN, pero es lógico que esto se ha evitado para conservar intacto el periódico”.

“Este caso es conocidísimo entre los dermatólogos, se explica en los libros de texto”, explica Raúl de Lucas, jefe de dermatología pediátrica del hospital La Paz, en Madrid. “Por los síntomas y su gravedad creemos que se trataba de un linfoma cutáneo [un cáncer de los glóbulos blancos poco común]. El hongo que se ha hallado no debería poder extenderse por todo el cuerpo ni llegar a matar a nadie, incluso en esa época, a no ser que Marat sufriese una inmunodeficiencia, lo que es posible”, opina.




lunes, 20 de septiembre de 2021

79. el tesoro de Moctezuma y el pirata francés

 

Jean Fleury fue uno de los primeros piratas en irrumpir en la historia después del descubrimiento de América. Conocido también como Jean Fleaury y Juan Florentino o Florín es posiblemente Giovanni Verrazano, el hermano de Jerónimo Verrazano, geógrafo florentino establecido en Francia. Actuaba como corsario del armador y pirata Jean d’Ango, un armador de origen italiano establecido en Dieppe, Normandía, que a su vez rendía cuentas ante el rey de Francia Francisco I.

Entre los golpes que dio Fleury destacó un abordaje efectuado en 1523 a la altura del Cabo de San Vicente a un grupo de tres carabelas (una de ellas escapó), que transportaban el llamado Tesoro de Moctezuma. Trescientos diez kilos de perlas, doscientos treinta de oro en polvo, tres cajas de lingotes de oro, diez de lingotes de plata y varios cofres llenos de joyas pasaron a manos del francés, aunque más valiosa que esta enorme fortuna era la documentación: noticias de Hernán Cortés sobre la toma de Nueva España y la cartografía que empleaban los marinos en sus viajes a América. El robo de esta información secreta no podía compensarse con nada. Carlos V no lo olvidaría, y se obsesionó con Fleury.

El pirata cayó en 1527 en manos del capitán vasco Martín Pérez de Irizar, en alta mar cerca de Cádiz. Fue transportado a Sevilla, donde confesó haber hundido más de ciento cincuenta barcos. Se le remitió preso a Carlos V, que envió un mensajero con la orden de ejecutarlo donde lo encontrara, lo que ocurrió en Colmenar de Arenas, hoy Mombeltrán, en la provincia de Toledo, donde fue ahorcado.

jueves, 16 de septiembre de 2021

78. Volando voy.....

 


1783

Jean François  Pilâtre de Rozier y François Laurent son los primeros en volar en globo aerostático, y lo hacen sobre París

1790s

El científico británico George Cayley es el primero en centrarse en diseños de una máquina con alas fijas. Los intentos con alas en movimiento habían fallado.

1890s

El alemán Otto Lilenthal, "el hombre volador", se estrella y muere después de unos 2.000 vuelos en planeador.

1903

Los hermanos estadounidenses Orville y Wilbur Wright realizan los primeros vuelos en un avión con motor "más pesado que el aire".

1909

El francés Louis Blériot es el primero en volar desde Calais a Dover en su avión Blériot XI.

1911

Un italiano lanza granadas  desde su avión de reconocimiento a las tropas turcas, en lo que podría ser el primer bombardeo aéreo de la historia.

1927

El estadounidense Charles Lindbergh realiza el primer vuelo en solitario a través de Atlántico. Amelia Earhart lo hace un año después.

1961

Yuri Gagarin es el primer hombre en orbitar la Tierra en el espacio.

2002

El aventurero estadounidense Steve Fossett termina el primer vuelo alrededor del mundo en globo. aerostático.

lunes, 13 de septiembre de 2021

77. Un europeo en La Meca

 


Aunque su nombre real era Domingo Badía y Leblich, nacido en Barcelona y administrador del monopolio real de Tabacos de Córdoba, pasó a la historia como Alí Bey el-Abbassí.

En 1801, el catalán Domingo Badía propuso a Manuel Godoy, primer ministro de Carlos IV, adentrarse en tierras del islam e incluso en La Meca. Era una temeridad, ya que ningún europeo lo había conseguido, pero Godoy vislumbró la posibilidad de alcanzar acuerdos comerciales y, por qué no, expandirse política y económicamente por el norte de África y Oriente Próximo. Así, el proyecto científico del aventurero se convirtió en una misión de espionaje.

Badía se tomó muy en serio su misión. Se circuncidó y adoptó la identidad falsa de Ali Bey, príncipe abasí e hijo de Otman Bey, pariente lejano de Mahoma. Tras conspirar, con más pena que gloria, en Marruecos, de donde fue expulsado, y recalar infructuosamente en Libia, Chipre y Egipto, en diciembre de 1806 decidió completar su odisea en La Meca, ciudad prohibida a los infieles y, por ello, desconocida para Occidente.

Algunos autores argumentan que Ali Bey fue el primer europeo que logró entrar en La Meca. Para otros la supuesta hazaña forma parte de la leyenda, ya que antes lo hicieron otros occidentales aunque, bien es verdad,  en régimen de cautiverio.

En todo caso, Ali Bey realizó las mejores descripciones de una ciudad legendaria en Europa. Dibujó mezquitas y edificios y explicó ritos y costumbres, un trabajo antropológico que inspiró a los aventureros que le sucedieron, entre ellos el inglés Richard Burton. También disfrazado, repitió la proeza un siglo después.





martes, 7 de septiembre de 2021

76. El "Titanic" del Mediterráneo

 


Seis años antes del naufragio de Titanic en aguas de Terranova hubo otra tragedia marítima, esta vez en las costas españolas: el hundimiento del vapor italiano Sirio. Ambos acontecimientos  tuvieron similitudes y diferencias.

A principios del siglo XX, estando sumida Europa en una larga y profunda crisis:  (pérdidas coloniales, conflictos sociales derivados de la reforma agraria, duro proteccionismo económico, desacuerdo entre el sistema político y las demandas de la población). El proletariado urbano sufre un fuerte crecimiento. El progresivo abandono de la miseria campesina hace que hombres, mujeres y niños vivan ahora hacinados en los centros de las ciudades, sometidos a una legislación laboral que les priva de todo derecho. Todos los miembros de la familia trabajan de lunes a domingo, pero aún así apenas consiguen el mínimo alimento diario. Al mismo tiempo, países como Brasil. Uruguay y Argentina demandaban mano de obra. La huida de esa vida tan calamitosa y el aliciente de una nueva vida en un nuevo continente, mueven a un número muy importante de personas a abandonar sus recuerdos para embarcarse, apiñados sobre montones de paja podrida por la humedad, en semanas de travesía para llegar a América. Venden sus pocas tierras, su ganado, y junto con los pequeños ahorros de toda su vida, invierten todo ello en comprar pasajes de tercera clase para toda la familia en los barcos que les podían llevar a aquella América soñada.

En ese contexto, algunas empresas navieras vieron un buen negocio, al menos mientras durara aquel flujo de personas. La naviera Navigazione Generale Italiana encargó al astillero escocés de Robert Napier and Sons (Glasgow) la construcción de un vapor de 115 metros de eslora y 4.141 toneladas que con su maquinaria conseguía mayor velocidad que los barcos de su época (unos 15 nudos) gracias a su motor de vapor de tres cilindros montados sobre un solo eje. El vapor Sirio tenía su base en Génova y hacía constantes viajes a América, con escalas en Barcelona. Tenía una moderna maquinaria y detalles de lujo que atraían también  a un pasaje en condiciones de pagar cantidades más elevadas cuando viajaban por negocios o por placer.

El Sirio fue botado el 26 de marzo de 1.883, salió de Glasgow hacia Génova el 19 de junio de ese año. Desde Génova el 15 de julio de 1.884 salió para el primero de sus 135 viajes trasatlánticos regulares. A los 25 años de su construcción, en 1.908, el barco fue sometido a una profunda reforma. Se instaló luz eléctrica, se reformaron los motores aumentando la velocidad (la duración del viaje se redujo a  unos 15-20 días) y el casco se pintó de negro, lo que le dio mayor prestancia y belleza. Cuando salió de Génova el 2 de agosto de 1.906 con destino  Brasil, Uruguay y Argentina, haciendo escalas en Barcelona, Cádiz, Canarias y Cabo Verde para recoger más pasaje era, sin duda, la mejor opción para cruzar el Atlántico.

En ese año de 1906 España atravesaba esa grave crisis política, económica y social, tras la pérdida de sus últimas colonias de ultramar (Cuba, Puerto Rico y Filipinas) en la guerra de 1898 contra Estados Unidos. España vivía los inicios del reinado de Alfonso XIII durante el régimen de la Restauración, basado en el turno de partidos (conservador y liberal).

"...la emigración es un sueño, un delirio, una fiebre que la medicina puede estudiar. Sus síntomas son ver en sueños un país dotado por el sol, rico en una vegetación virgen y enmarañada, donde se cuenta por miles de duros y se gana una fortuna en el tiempo en que aquí se gana, cuando se gana, una peseta. La patria aparece a sus ojos como la amante desdeñada...", señalaba el diario “El Imparcial” el 27 de junio de 1881.

En los últimos años del siglo XIX y primeros del XX se estima que más de veintidós millones de europeos emigraron al continente americano. Como consecuencia de esta masiva emigración, fueron amasadas grandes fortunas por parte de los consignatarios marítimos en su intermediación entre el emigrante y las navieras transportistas.

Durante la Primera Guerra Mundial se acabaron estas masivas corrientes migratorias, y muchos de los barcos trasatlánticos que las facilitaron fueron hundidos o desguazados.

A finales de los años veinte las naciones comenzaron a poner freno a la libertad de emigración, promulgando leyes para su regulación.

El 2 de agosto de 1.906 el vapor Sirio salió de Génova, llegando a Barcelona al día siguiente sin problemas, para recoger más pasaje. De allí salió directamente hacia Cádiz, al menos en teoría. El capitán era Giuseppe Picone, experto marino de 68 años, que se conocía el Mediterráneo como la palma de su mano, y había decidido que ese sería su último viaje trasatlántico. Desde Barcelona debía seguir directamente hasta Cádiz, pero fondeó frente a Alcira, y tenía previsto detenerse también en algunas playas cerca de Águilas, Almería y Málaga. En aquel tiempo era corriente que estos barcos hicieran escalas clandestinas, recogiendo a más gente, que pagaba pequeñas cantidades de dinero (los que embarcaron en Alcira, por ejemplo, se sabe que pagaron 100 pesetas). Con la connivencia de autoridades del puerto, capitán y oficialidad (todos se beneficiaban del soborno) desertores, prófugos de la justicia y gente que quería "desaparecer discretamente" sin figurar en ninguna lista de pasajeros eran acercados al barco por botes de remos, contribuyendo al hacinamiento de las bodegas, donde  se amontonaban los pasajeros de tercera clase, sobornando también al personal de las cocinas por un bocado y a la marinería para que les proporcionase un saco de paja donde dormir. Por eso  es imposible saber cuántas personas se encontraban en el barco al acercarse al Cabo de Palos.

El 4 de agosto, el barco pasó frente a las costas del cabo de Palos. En este punto de la costa, el promontorio del cabo se sumerge en el agua y continúa linealmente hasta resurgir en las islas Hormigas. La profundidad del agua en toda esta línea puede llegar a ser muy escasa, llegando en algunas zonas, denominadas bajos, que aparecían en todas las cartas náuticas de la época a sólo unos tres o cuatro metros. Todas las rutas marítimas de la época bordeaban las islas para evitar el peligro de estos bajos, a causa de los cuales ya se habían producido otros naufragios, como el del Nord-America (1883) y el del Minerva (1899). El capitán, inexplicablemente, en lugar de rodear las islas Hormigas, se metió entre las rocas y la costa. No solo eso, sino que se fue a echar la siesta a su camarote aunque en el puente no estaba ni el primer oficial (Augusto de Amezaga) ni el segundo oficial (Padobagli, que fue el único que se quedó hasta el final). , dejando el timón al tercer oficial, Cayetano Tarantino, Se dice que este advirtió al capitán de la peligrosidad del rumbo que llevaban, aunque no le hizo caso. Por eso surgió la teoría de que por allí tenía previsto recoger más pasajeros ilegales.

A las 16:00 horas el barco sufrió un fuerte impacto al chocar con el "bajo de fuera" y quedó varado sobre el mismo, con la proa elevada y escorándose a estribor. Como consecuencia de la colisión, se hundieron los compartimentos de popa y se produjo la explosión de las calderas. El barco se partió en dos, longitudinalmente, de proa a popa. Era un día de agosto de mucho calor, después de la comida, de forma que la mayoría de la gente de las bodegas estaba en cubierta, donde se habían tendido unos toldos para darles un poco de sombra. Con el impacto, los toldos, que resultaron ser una trampa mortal, cayeron sobre la gente que, a ciegas, asustados por el gran ruido de la chapa de la quilla partiéndose, la explosión de las calderas y el agua entrando a borbotones, entró en pánico.

El bajo de Fuera o, como también se le llamó después, "roca del Vapor" (por ser donde encalló y se hundió el vapor Sirio), es un pináculo rocoso submarino de 200 metros de largo en dirección ENE al WSW, que asciende en fuerte pendiente desde los 70 metros de profundidad hasta solo 3,60 metros bajo la superficie del mar. Está situado en el grupo de islas conocidas como Las Hormigas, alineadas con el eje de la cordillera litoral, compuesto por dos islotes (La Hormiga y El Hormigón) y varios peñascos sumergidos (bajo de Fuera, bajo de Dentro, bajo del Mosquito y La Losa). El bajo de Fuera se encuentra a 1.405 metros de distancia con rumbo 055º del faro de las islas Hormigas y a 2,97 millas de la costa del pueblo de Cabo de Palos.

Primero fue un golpe seco que levantó la proa del buque y la hizo salir del agua. Luego fue un gran chirrido, un ruido ensordecedor ocasionado por las planchas del fondo que se abrían y retorcían contra la superficie de la piedra del bajo de Fuera. En la sala de máquinas y cuartos de calderas el personal de guardia no tuvo la menor opción de salvarse. Murieron aplastados por las planchas del fondo que se abrían a sus pies y la tromba de agua que entraba a toda velocidad. Durante unos segundos el Sirio quedó completamente frenado, inmóvil en un equilibrio inestable sobre las aristas de la piedra en la que había embarrancado. La mayor parte de los pasajeros cayó al suelo debido a la colisión. Algunos gritos de sorpresa, al principio, rompieron el silencio que siguió al brutal choque. Se oía crujir la estructura del buque. De algún lugar en las entrañas del Sirio brotaban chorros de vapor de agua que afloraban por varias grietas aparecidas en las cubiertas de popa. Y entonces sobrevino la explosión. Las calderas del trasatlántico italiano estallaron destrozando las cubiertas de pasaje sobre ellas ubicadas y sembrando la muerte entre los emigrantes. El agua comenzó a inundar el buque por dos zonas: en la popa, por la cubierta, y en la zona de proa, por las vías de agua producidas en la rotura del casco. En escasos cuatro minutos, un tercio del buque quedó completamente sumergido en las aguas por su popa y escorado a estribor unos 35º

El capitán del barco y los miembros de la tripulación fueron de los primeros en embarcarse en un bote salvavidas, abandonando a los pasajeros a su suerte. Los que llevaban uniforme se lo quitaron para pasar desapercibidos entre la masa de pasajeros que intentaba salvarse. La popa del barco se fue al fondo inmediatamente, la proa quedó fuera del agua, apuntando al cielo, formando un ángulo de unos 45 grados. Así permaneció 16 días, clavada en la roca,  hasta que un fuerte temporal de levante también la hundió. Los botes salvavidas de estribor estaba bajo el agua y los de babor colgaban de sus pescantes  sobre la cubierta del barco, por lo que resultaban inútiles.

 Una masa de gente, en pánico, sin que nadie los organizara luchaba por un salvavidas o un bote. Salieron las armas a relucir y se atacaban unos a otros por lo que pensaban que les ayudaría a salvarse. El barco se encontraba a muy poca distancia de un pueblecito marinero, por lo que desde el faro, el mismo pueblo y varios barcos cercanos vieron lo que ocurría, pero no se acercaban porque pensaban, al igual que los pasajeros, que el barco se hundiría de inmediato y los arrastraría al fondo.

El rescate: Héroes y villanos

 

Agustín Antolino
En la cercana localidad pesquera de Cabo de Palos, donde numerosas personas (entre ellas el exministro murciano Juan de la Cierva y Peñafiel) que se encontraban pasando unos días de descanso en la playa de levante, fueron testigos del naufragio y dieron inmediatamente la voz de alarma. Al momento varios pescadores partieron en sus laúdes (embarcaciones pequeñas con un palo y vela latina) rumbo al bajo de Fuera para auxiliar a las víctimas. Los laúdes de Cabo de Palos que participaron en el salvamento fueron: Vicente Lacomba, su patrón era Agustín Antolino (salvó a 132 náufragos); Cristo, patroneado por José Salas Martínez, alias "Tío Potro" que se encontraba pescando en las inmediaciones de las Hormigas y fue el primero en llegar y prestar auxilios (salvó a 65 náufragos que intentaban flotar sobre las aguas, en tres viajes); Joven Vicente, su patrón era Bautista Buigues (salvó a 14 náufragos, con gran exposición); Faustino, patroneado por Ramón Parodis (50 náufragos); Francisca, con José Ruso Manzanares de patrón (8 náufragos); el bote de pesca Nuestra Señora de los Ángeles, su patrón era Pedro Llorca Zaragoza (recogió de la Hormiga a 13 náufragos); San José, patroneado por Juan Valero Martínez (recogió de la Hormiga a 15 náufragos); y Pepe y Hermanos, con Manuel Puga Romero de patrón (39 náufragos).

Pero la mayor acción heroica de la trágica jornada fue protagonizada por el paquebote (goleta pequeña) Joven Miguel, que era español y estaba comandado por el patrón Vicente Buigues Ferrando, quien dirigió su embarcación hacia el Sirio, a pesar de la oposición de parte de su tripulación a acercarse por el riesgo de explosión de sus calderas. A punta de pistola obligó a la tripulación a acudir al rescate Conforme avanzaba hacia el Sirio, ordenó largar cabos para que se agarraran a ellos todos los que luchaban en el agua por salvarse. La primera operación de Buigues, muy arriesgada fue empotrar el bauprés de su proa entre la borda de babor y el puente de mando del Sirio, operación de verdadero riesgo por el peligro que conllevaba de que el hundimiento definitivo del Sirio se llevara al fondo a su paquebote y tripulación. Amarró su embarcación a la proa del Sirio y, una vez lograda cierta estabilidad, con tablas y cabos hizo una pasarela segura entre el Sirio y la cubierta del Joven Miguel para ir pasando personas a su barco. El laúd Vicente Lacomba se acercó al Joven Miguel y se amarró a su popa para ayudarle, así Vicente Buigues pudo pasar unos cien náufragos al laúd y evitar que se fuera a pique su paquebote. Entonces el laúd soltó el cabo que le unía al paquebote y se dirigió a Cabo de Palos. Entre los náufragos a bordo del laúd precisamente estaban el capitán y el primer oficial.

Vicente Buigués
Cuando Vicente Buigués se aseguró que ya no quedaba ni una sola persona viva a bordo del Sirio, fue cuando se separó de este. Así, el Joven Miguel logró la salvación de aproximadamente 400 personas, que viajaron hacinadas entre la bodega y la cubierta hasta su desembarco en el puerto de Cartagena.

Dignos de mención son también el farero de las islas Hormigas, José Acosta Morales, y su ayudante, Manuel Jiménez Ruiz, quienes auxiliaron a más de cien personas que desembarcaron o llegaron a nado hasta el pequeño islote donde se asienta el faro.


Una vez informado el ministro de Marina, Juan Alvarado, por el capitán general del Departamento Marítimo de Cartagena, Ramón Luis de Auñón y Villalón, VII marqués de Pilares, de las acciones llevadas a cabo por los patrones Vicente Buigues y Agustín Antolino, el gobierno español decidió conceder la cruz del Mérito Naval, con distintivo rojo, de Su Majestad el Rey a los citados marineros.

Juan de la Cierva y Peñafiel, ex ministro de Instrucción Pública y Bellas Artes, elogió el comportamiento heroico de los habitantes de Cabo de Palos con los náufragos del vapor Sirio. "Estos hombres rudos, ancianos, algunos octogenarios, tienen el corazón muy grande, hecho para el mar. Y sin que nadie los estimularan armaron sus frágiles barcos y a volar, apoyándose en los remos. Era el viento contrario y dificultaba el avance, pero con él lucharon... A salvarles marcharon los hombres y mujeres, la colonia entera, pronta a cumplir sencillamente nuestros deberes".

Algunas víctimas del naufragio llegadas a
Cabo de Palos en los días siguientes
Ya se ha señalado que fueron cientos los que perecieron en el naufragio, sin poder precisar la cantidad exacta. Los cadáveres estuvieron apareciendo en la costa durante semanas, tanto en lugares muy distantes como en las inmediaciones del naufragio.

A raíz de la tragedia y debido al gran número de desaparecidos que perecieron ahogados en la zona, los habitantes de Cabo de Palos prescindieron de adquirir pescado durante semanas por temor a posibles problemas de salud, hasta que el gobierno de Cartagena aseguró que no había ningún peligro por consumir pescado fresco. Una triste recompensa al heroico comportamiento de los pescadores de la zona.

La ciudad de Cartagena acogió a los supervivientes durante varios días, hasta que se les pudo reubicar en distintos barcos, dependiendo de su destino. El trasatlántico Italia partió el 13 de agosto con 310 de los náufragos del Sirio hacia Buenos Aires, mientras que el Ravena llevó a 50 pasajeros hacia Brasil. Quienes quisieron volver a Génova lo hicieron a bordo del Orione, y los náufragos catalanes volvieron a Barcelona en el vapor Diana. Los enfermos, por su parte, quedaron atendidos en los centros de salud de la ciudad hasta que mejorase su estado de salud. Finalmente, la tripulación permaneció a bordo del Adria, atracado en el puerto de Cartagena.


Placa conmemorativa en
el faro de Cabo de Palos
Pese al tiempo transcurrido, Cabo de Palos no ha olvidado la tragedia, cuyo recuerdo aún permanece con viveza en la mente de ese pueblo. Fueron los marineros los que encabezaron las tareas de rescate y la noticia se ha transmitido de abuelos a nietos.














El vapor de carga francés Marie Louise, comandado por el capitán Colomer, se encontraba cerca de las islas Hormigas en el momento de la catástrofe, siendo el testigo más directo del naufragio y el primer barco en acercarse al Sirio tras la tragedia. El buque salvó la vida de 29 náufragos y, a continuación, viró su rumbo hacia Alicante. Este barco había partido del puerto de Cartagena en dirección a Alicante y cubría la ruta entre Orán (Argelia) y Marsella (Francia). Muchos pasajeros del Sirio se habían arrojado al mar al ver que el Marie Louise iba en dirección hacia ellos, con la esperanza de ser los primeros socorridos. Pero entonces, inexplicablemente, el buque viró y se apartó de la zona de la catástrofe, donde los náufragos luchaban desesperadamente con el mar para evitar la muerte. El Marie Louise pasó de largo cerca de ellos desentendiéndose de su desgracia. Sin duda, el Marie Louise hubiera podido evitar él solo la mayoría de las muertes, dado que con toda seguridad disponía de más elementos para prestar socorro que cualquiera de los otros barcos que acudieron al auxilio.

El buque mercante francés Poitien negó la ayuda a los náufragos del Sirio por miedo a varar su nave al aproximarse. El vapor italiano Umbría atravesó la zona poco después de la tragedia. Su capitán Barabino manifestó que, ajeno al naufragio, vio un vapor con buena parte de su popa hundida dos brazas por debajo del mar y destacó inmediatamente botes para que reconocieran la situación. Habiendo procedido de esta forma y una vez informado Barabino, los tripulantes volvieron al Sirio y penetrando en su interior, hallaron anegada la popa hasta el cuarto de máquinas y libre el resto del buque. Una vez producido el encalle, la carga debió desacomodarse precipitándose sobre ese extremo. No encontraron a nadie vivo, aunque les pareció ver algún cadáver flotando en la parte anegada.

El hundimiento

El día 10 de agosto se publica en prensa que comunican desde Cabo de Palos que el Sirio va escorándose y hundiéndose poco a poco en las profundidades del mar. Su salvación se hace imposible y se cree que se sumerja por completo de un momento a otro, detallándose que ya se había hundido unos cuatro metros más desde el día de la catástrofe.

Se acercaba el final del Sirio. A las 10 de la mañana según algunos periódicos -10:30 según otros- del día 13 de agosto, el buque terminaba de partirse en dos mitades con horrible estruendo y dos tercios hacia la popa del buque se hunde, sobresaliendo de la superficie, muy escorada a estribor, solo la proa. De los tres palos que antes se veían pasó a divisarse solo uno. La zona de proa no se hundió por encontrarse empotrada en la aguja del bajo de Fuera. Al producirse la partición del buque y el hundimiento de su popa, comenzaron a salir decenas de cadáveres encerrados en las zonas sumergidas de la nave, muchos de los cuales fueron rápidamente arrastrados por la corriente hacia las costas. A continuación, el fétido y penetrante olor se extendió por la zona e hizo imposible la permanencia en los alrededores.

Durante unos días más los restos del Sirio serían visibles, hasta que finalmente a las 5 de la tarde del 19 de agosto la proa,  y produciendo también un gran estruendo, se hundió por un fuerte temporal de levante a mayor profundidad incluso que la popa.

La investigación y el misterio de la caja

 

Giuseppe Piccone
Aunque el capitán Piccone atribuyó a otros como posibles motivos del naufragio, la comisión italiana de investigación sobre el naufragio del Sirio, creada por el gobierno italiano, fue concluyente al exponer que el vapor Sirio se dedicaba al embarque clandestino de emigrantes españoles a lo largo de la costa. Ello explica que el Sirio se aproximara temerariamente a las playas, a pesar de su importante calado, -ya fuese para intentar recuperar el tiempo y el combustible perdidos en las recogidas clandestinas, ya fuese para un nuevo embarque de inmigrantes- y encallara en los bajos de las Hormigas. Además, y como antes se dijo, los bajos de las Hormigas estaban perfectamente reflejados en las cartas de navegación de aquella época. Es decir, de absoluta imprudencia temeraria fue la actitud adoptada por parte del capitán.

Por otro lado, y teniendo en cuenta que los restos del barco permanecieron varados durante 15 días, si el capitán y la tripulación hubieran permanecido a bordo y organizado la evacuación del pasaje, y dicho pasaje no hubiera sido presa del pánico, la mayor parte de este podría haber sido rescatado con vida.

En sus declaraciones a la prensa italiana, el capitán de la Compañía General de Navegación de Génova negó las acusaciones de abandono del barco. Piccone señaló que toda la tripulación cumplió perfectamente con su deber y que él había sido el último en abandonar el barco junto a los oficiales Amezaga y Tarantino y el marinero Vizziga, cuando era ya noche cerrada.

La versión del capitán Piccone se contradecía por completo con las informaciones recogidas por la prensa española en el momento del naufragio, en las que se cuenta que Piccone fue uno de los primeros en abandonar el Sirio, marchando en un bote salvavidas, que momentos después se encontraba en Cabo de Palos observando tranquilamente el desarrollo de los acontecimientos, y que horas más tarde dormía plácidamente en la pensión La Piña, sita en la calle San Cristóbal la Larga de Cartagena. Los pasajeros supervivientes confirmaron estos hechos y reiteraron que habían quedado desde el principio abandonados a su suerte. Los miembros de la tripulación, por su parte, reconocieron que Piccone fue advertido en reiteradas ocasiones tanto por sus oficiales como por los de otros barcos del peligro que suponía su temeraria navegación. Todos estos detalles quedaron suficientemente probados.

El capitán Piccone declaró lo siguiente al periódico “Il Secolo” de Milán a su regreso a Italia tras el naufragio: "Tomé todas las precauciones para seguir la ruta prevista y pasar a unas tres millas de distancia de la costa, pero a pesar de ello vino el naufragio, algo que de ningún modo podía yo prever. Tuvo que deberse a corrientes marítimas o a influencias magnéticas. Aquella parte de la costa es rica en minas de hierro que podían haber alterado la rosa de la brújula. En el momento del naufragio yo me encontraba junto a la brújula y el oficial Amezaga seguía la ruta indicada. No puedo suponer otra cosa."

Respecto a la naviera quedó demostrado que, aparte de las lamentables condiciones no solo en materia de seguridad, sino de dignidad en las que se instaló a los emigrantes en el Sirio, mintió en los carteles anunciadores de su viaje. En la Agencia Consignataria de Barcelona se anunciaba que el Sirio realizaría su viaje a Brasil en dieciséis días sin otra escala que la de San Vicente de Cabo Verde.

Algunos investigadores apuntaron a la desaparición del contenido de la caja fuerte para defender la teoría de un accidente provocado para ocultar el robo de la caja fuerte. Aunque esta causa no es del todo descartable, no hay ningún indicio firme que la sustente.

El 6 de octubre de 1906, desde el vapor Salvios varios buzos italianos y españoles se sumergen en busca de la caja fuerte. Incluso desciende con ellos el director técnico de la compañía de salvamento Sociedad de Rescates Ancora, Antonio Serra. Los trabajos son difíciles y de extrema peligrosidad, pero el contenido merece la pena. Tras varias inmersiones localizan la caja, que se encuentra intacta en el mismo lugar donde siempre estuvo en el barco. Las dificultades para su extracción son enormes, incluso se produce el fallecimiento de un buzo italiano en estas labores.

Finalmente es elevada a la cubierta del Salvios; ante dicho director, el abogado de la compañía, Leopoldo Dietzoch, toda la tripulación, así como la del laúd Purísima Concepción, su patrón Gabriel Bisquet y su propietario Emilio Torrado, se procedió a abrir la caja valiéndose de fuertes cinceles.

La caja no presentaba ninguna señal de violencia, estaba en perfecto estado, con sus dos cerraduras intactas. La tensión del momento se incrementa conforme los cinceles hacen durante una hora y media su trabajo y cuando por fin se logra abrirla, su interior está vacío.

Los rescatadores no salen de su asombro. La apertura de la caja ha causado gran sensación y la noticia es conocida por todo el mundo en poco tiempo. Nadie sabe nada. Las autoridades inician unas averiguaciones, pero sin éxito alguno.

Dónde está el contenido, quién abrió la caja conociendo y teniendo acceso a las llaves, cuándo se hizo y cómo pudieron desembarcar con todo ese material sin ser vistos, son preguntas que quedaron sin respuesta.

¿Fue quizás algo improvisado en el momento o responde todo a un propósito preconcebido, incluyendo un embarrancamiento premeditado? ¿Es posible que el plan de los ladrones incluyera su recogida por otra embarcación de las muchas que se acercaron en los primeros momentos al casco del Sirio, mientras otras se dedicaban a salvar náufragos?

Conclusiones: El afán por ganar tiempo y ahorrar carbón, el tráfico ilegal de pasajeros y la actitud temeraria e irresponsable de un capitán tuvieron como consecuencia la muerte de varios centenares de personas, la pérdida para los supervivientes de seres queridos,  pertenencias e ilusiones, y el hundimiento de un buque: el Sirio.



sábado, 4 de septiembre de 2021

75. Huellas del pasado

Reconstrucción del paisaje de Laetoli

Hace unos 3,6 millones de años, durante una erupción del volcán Sadiman (Tanzania) una capa de cenizas de unos 15 centímetros de espesor se depositó en el terreno en el lugar conocido hoy como Laetoli. Sobre las cenizas cayó una lluvia fina, y sobre esas cenizas humedecidas caminaron varios individuos homínidos y diferentes animales. Posteriores erupciones del mismo u otros volcanes de la zona depositaron más cenizas, que preservaron las huellas dejadas sobre la primera capa de ceniza. Hasta que, en 1.976 el equipo de  por Mary Leakey y Richard Hay encontró el rastro de huellas, de unos 27 metros de longitud.

En un principio se pensó que se trataba de dos individuos adultos, uno masculino y otro femenino. Aunque más tarde se llegó a la conclusión de que eran tres individuos, siendo el tercero un individuo infantil que había caminado sobre las huellas de otro, motivo por el que al principio se identificaron dos series de huellas, quedando las del tercero disimuladas entre las otras.

La importancia de estas huellas es que demuestran que esos homínidos caminaban erectos habitualmente. Su andar no es vacilante, lo que significa que era su forma habitual de desplazarse. Los pies no tienen el dedo gordo móvil y divergente como los simios, en cambio tienen un arco típico de los humanos modernos. También se concluyó que caminaban tranquilos, como paseando.

El estudio de estas huellas indican un bipedismo completo (semejante al del hombre moderno), apoyando primero el talón, luego el arco, y finalmente los dedos, haciendo fuerza en estos, especialmente en el dedo gordo para adelantar el cuerpo y separar el pie del suelo.

Las huellas fueron atribuidas al Australopithecus afarensis, del que se encontraron abundantes restos fósiles en el mismo estrato El Australopithecus afarensis  era un homínido extinto de la subtribu Hominina que vivió entre 3,9 y 3 millones de años atrás. Era de contextura delgada y grácil, y se cree que habitó solo en África del este (Etiopía, Tanzania y Kenia). La mayoría de la comunidad científica aceptó que puede ser uno de los ancestros del género Homo. Fue descubierto en 1974 por Donald Johanson, Yves Coppens y Tim White en el yacimiento de Hadar, valle del río Awash, Etiopía. Este descubrimiento destacó especialmente por ser el Australopithecus mejor conservado descubierto hasta aquella fecha. Así fue posible comprobar que la capacidad para caminar erguido, como los humanos actuales, fue muy anterior al crecimiento del cerebro. El estudio de su dentadura aclaró aspectos fundamentales sobre la evolución de los homínidos y descubrió la evolución simultánea de géneros, de manera que la línea Paranthropus, se apartó de otras y en particular de la que evolucionó hacia Homo. En años recientes se han descubierto muchos restos fósiles más antiguos que aquellos. En varias campañas de excavación, entre 2000 y 2005, se encontraron los restos de una niña Australopithecus afarensis de 3 años de edad y una antigüedad de 3,3 millones de años, procedentes del yacimiento de Dikika, cerca del río Awash en Raft Valley. Las primeras herramientas usadas por un ancestro humano datan de hace unos 2,5-2,6 millones de años, atribuyéndose su fabricación a Homo habilis. Sin embargo, una investigación​ llevada a cabo por un equipo internacional y multidisciplinar de investigadores concluyó que Australopithecus afarensis utilizaba piedras afiladas para extraer la carne de los huesos y obtener el tuétano de los mismos. De confirmarse esta tesis, aportaría importantes novedades en la investigación sobre los orígenes del ser humano, ya que supondría el consumo de carne, relacionado con el tamaño del cerebro, adelantando este, y asociado al uso de herramientas, 800.000 años antes de lo que se suponía.

En 2.015, un equipo de arqueólogos italianos y tanzanos descubrió catorce nuevas pisadas de nuestros ancestros más lejanos en el yacimiento de Laetoli, en Tanzania, a sólo 150 metros de las pisadas halladas en 1976, atribuidas al homínido Australopithecus afarensis y consideradas las más antiguas del mundo, de 3,6 millones de años de antigüedad. Las nuevas pisadas se encuentran en el mismo estrato de ceniza solidificada que las anteriores y muestran la misma orientación, por lo que debieron de pertenecer al mismo grupo de homínidos. Las huellas corresponden a dos individuos bípedos (S1 y S2) que se desplazaron en la misma dirección,.  Numerosas huellas de otros mamíferos, insectos y aves han sido halladas alrededor y también las marcas dejadas por las gotas de lluvia y granizo. 

Estos vestigios arqueológicos tan excepcionales aportan información sobre la biomecánica de la locomoción, sobre el tamaño corporal de los homínidos extintos, sobre su diversidad e incluso sobre sus estrategias reproductivas. Y las conclusiones son las siguientes: uno de los dos individuos, probablemente masculino, medía 1,65 metros de altura y pesaba unos 44,7 kilos; el otro individuo, probablemente femenino, medía 1,46 metros de altura y pesaba unos 39,5 kilos. El individuo masculino sería, por tanto, el Australopithecus afarensis más alto que se conoce, superando bastante a Lucy, el ejemplar más célebre de esta especie, que medía menos de 110 centímetros de altura. Las controvertidas conclusiones también sugieren un comportamiento social típico de los gorilas, es decir, un grupo de hembras conviviendo con un único macho