lunes, 9 de agosto de 2021

69. El asunto del collar de la reina

 
Hillary Swank en el papel de Jeanne en la película "El misterio del collar"

Todos los que me conocen saben que si hay algo que me pone los nervios de punta es que películas de cine y series de televisión usen temas históricos, pervirtiéndolos, desvirtuándolos,  volviéndolos del revés, alterándolos, mofándose de la verdad de los acontecimientos,  inventando personajes inexistentes u ocultando otros a conveniencia, según hacia donde quieran empujar los sentimientos y creencias de la masa. Guionistas y productores saben muy bien que casi nadie, después de visionar estos bodrios va a molestarse en leerse un libro serio o ni siquiera consultar la Wikipedia, porque salen del cine o se levantan del sofá totalmente convencidos de "saber ya TODO lo que hay que saber sobre el tema". He escrito sobre series como "Los Tudor" o "El ala oeste de la Casa Blanca" `poniendo los puntos sobre las íes, señalando todos los errores, tanto por acción como por omisión en la primera de ellas y todas las absurdeces del guión en la segunda.  Y tengo pendiente escribir unas palabritas sobre "Ágora", pero estoy esperando a tener los dientes lo suficientemente afilados como para hacer toda la sangre que el tema merece. Desgraciadamente no voy a poder escribir con libertad porque creo que lo que le diría de Amenábar como guionista es ya hasta delito.  Mientras espero, me dedico a otras cosas.

El caso es que en los últimos días estoy disfrutando como un cochino en un charco  con  un libro que es la biografía de María Antonieta escrita por Stefan Zwueig. Son casi 800 páginas, pero cada una se disfruta tanto que cuando llegue al final me voy a reenganchar a la biografía de María Estuardo del mismo autor. Os animo a leerlas, se pueden descargar en internet LEGALMENTE en pdf porque los derechos de autor ya no existen. Son obras de dominio público. No sólo es que Zweig escribe como los ángeles, sino que además escribe como Dios manda, consultando las fuentes. Como se conserva la abundantísima correspondencia entre María Antonieta y su madre, la emperatriz María Teresa, que estaban en contacto permanente. El inconveniente es que introduce con frecuencia frases o expresiones en francés, tomadas de esa correspondencia donde me pierdo. Realmente estoy descubriendo a una María Antonieta que no conocía y ahora comprendo mejor muchas cosas y la compadezco sinceramente. Ahora estoy en mitad de un capítulo llamado  El asunto del collar y es un asunto tan increíble que pide a gritos una novela o una película (que las tiene, ya veremos más adelante). Y no he podido resistirme, es superior a mis fuerzas, tengo que incorporarlo este blog sobre curiosidades históricas . Voy a intentar contarlo con mis palabras, aunque sé que esto me va a costar un dolor de espalda, pero, ya digo, no me puedo resistir. No es una biografñia al uso,  sino una biografía psicológica. El autor hace un estudio psicológico de los personajes, de forma que comprendemos perfectamente xómo y por qué sus historias fueron cono fueron.

Empezaré presentando a los personajes de este sainete:

En primer lugar, el asunto es una estafa. Hay, por tanto, estafadores y estafados. Los estafadores son, básicamente, una banda formada por tres personas:


- Jeanne Valois, la cabecilla y probablemente la que planifica el engaño. Es muy inteligente y excelente manipuladora y maneja como a marionetas a sus dos cómplices y al principal estafado.  Jeanne es la hija de un descendiente ilegítimo de los Valois y de una criada. Su padre, Jacques de Saint-Remy,  no tiene otro medio de subsistencia que la caza furtiva. A la muerte de su padre, Jeanne y sus hermanos se quedan en la calle. Su madre se dedica entonces a la prostitución y obliga a la niña a mendigar. Esta golfilla callejera, a los siete años, mientras pedía limosna por un camino cercano a París, se cruza con el coche de la marquesa de Boulainvilliers, a la que grita que  aunque pide limosna, es una persona de sangre real. La marquesa, intrigada, detiene el coche, escucha la historia que le cuenta y decide tomarla bajo su protección. Por aquel entonces existían instituciones para educar a los vástagos de ilustre abolengo en precaria situación, aunque fueran bastardos, y la crédula y bienintencionada marquesa llevó a Jeanne a  un pensionado para hijas de nobles pobres. Pero Jeanne tenía GRANDES ambiciones y se escapó de alli a los 22 años. Vaga por Francia unos años (probablemente sin aprender nada bueno) y reaparece en Bar-sur-Aube, donde estaba acantonado un destacamento del ejército francés. La precoz adolescente se casa con un individuo mediocre llamado Nicolás de la Motte (que aparentemente no tiene muchas exigencias en cuanto a esposa). La desilusión de Jeanne es grande cuando se hace evidente que el marido es un pobretón. Está claro que así no va a conseguir la vida que ella ambiciona y decide recurrir a a persona de más alto rango que conoce,  la marquesa de Boulainvilliers. La marquesa, que en ese momento se encuentra en el castillo del cardenal de Rohan, la recibe allí y la presenta al cardenal, de quien hablaremos más extensamente al llegar al grupo de los estafados. Jeanne y su marido viven fastuosamente (a crédito), los acreedores y prestamistas acucian y hay que pensar a lo grande. Jeanne y su marido pasan a presentarse como condes Valois de la Motte (título inexistente) para tener acceso a los círculos de la nobleza. Jeanne embauca  al cardenal de Rohan, consigue que este pague todas sus deudas, compre un puesto de capitán de la guardia real para su marido y los presente en círculos de la nobleza.

- Nicolás de la Motte es un simple sinvergüenza que se deja arrastrar por su mujer y se aprovecha de los dineros estafados por ésta para darse la vida padre.

- Marc Rétaux de Villette, un gigoló de baja nobleza que se convierte en amante y cómplice de Jeanne. Ante la gente se presentaba como secretario del "conde", pero se implicó tanto que llegó a falsificar la firma de María Antonieta en un documento y escribió varias cartas dirigidas al cardenal de Rohan fingiendo ser ella.

El trío de estafadores principales  se completa y utiliza a con varios secundarios menos importantes: 

- Alessandro Cagliostro, un truhán que se hizo notable  recorriendo las cortes europeas como "curandero magnético", alquimista, ocultista, cabalista y mago, todo en uno. Fundó el Rito Egipcio de la Francmasonería en La Haya, donde se iniciaba a hombres y mujeres en la misma logia. En el momento de la estafa estaba al servicio de Rohan, pero, sobornado por Jeanne Valois, lo convenció de que si colaboraba con esta, llegaría a alcanzar sus sueños, según había visto con sus "dotes adivinatorias".

- Una prostituta de nombre Nicole Leguay que se hace pasar por María Antonieta, en una cita secreta con Rohan, en la oscuridad de la noche, en el Jardín de Venus del Trianon.

Y vamos ahora con los estafados:


- Louis René Éduard de Rohan, príncipe de Rohan, obispo francés de Estrasburgo, político, cardenal de la iglesia católica y cadete de la familia Rohan (que remonta sus orígenes a los reyes de Bretaña).  Riquísimo, landgrave de la Alsacia,  Gran Limosnero de Francia, (máxima autoridad religiosa de la corte de Versalles, por lo que controlaba todos los donativos y obras de caridad del Rey de Francia), abad de la riquísima abadía de Saint-Vaast, y provisor (financiador) de la Sorbona. Sin embargo, todo eso no le satisfacía suficientemente. Estaba obsesionado por ser otro Richelieu, otro Mazarino. La posibilidad de ser primer Ministro de Francia le nubló el juicio y posibilitó que fuera engañado por una pandilla de pícaros de poca monta. Fue el gran pagano. Le costó más de un 1.000.000 libras y no obtuvo ningún beneficio. muy al contrario, fue arrestado, encarcelado en la Bastilla y acusado de haber usado el nombre de la reina fraudulentamente.


- Charles Boehmer y Marc Bassenge, los joyeros de la corte. Habían recibido de Luis XV el encargo de un extraordinario collar de diamantes para Madame du Barry, apasionada de los diamantes. Pero la muerte de Luis XV frustró el encargo. Los joyeros, que habían invertido todo su capital en el collar y pensaban cobrar por él dos millones de libras, recuperando su inversión, se vieron abocados a la ruina. Se lo ofrecieron a Carlos III  de España que no quiso comprarlo. Desesperados, lo pasean por Versalles, dispuestos incluso a bajar el precio a 1.600.000 libras. Hasta María Antonieta lo admira, aunque sabe que está completamente fuera de su alcance.



Y, presentados los personajes, vamos ya al desarrollo de la estafa.

Jeanne, que ya ha comprobado lo fácil que resulta sacarle dinero a Rohan, se dice que por qué conformarse con miserias y planea un gran golpe. Rohan está obsesionado con ser Primer Ministro y cree (o le hacen creer) que sólo le falta el beneplácito de María  Antonieta. Rohan sabe que la madre de la reina lo aborrece y la reina está influida por esa animadversión. por un asunto del pasado. Richelieu envió a Rohan en 1.771 a Viena  en una misión diplomática a Viena al objeto de tomar parte en las negociaciones de las particiones de Polonia. Rohan llegó a Viena en enero de 1772, destacando pronto por su conducta disoluta y sus lujosas fiestas de caridad. Esta actitud lo enemistó con la emperatriz María Teresa I de Austria (austera, prudente y profundamente religiosa), quien no soportaba tales comportamientos en un miembro del clero; esta hostilidad no sólo logró desbaratar su misión, sino que además influyó negativamente la percepción que de él tenía la hija de la emperatriz, María Antonieta. Rohan se autoconvence de que si lima asperezas con la reina será Primer Ministro. Jeanne fomenta esta creencia y le hace creer que es posible porque ella es muy amiga de la reina (María Antonieta ni la conoce, ni la ha visto jamás ni ha oído hablar de ella) y para apuntalar esto le trae una cartita, supuestamente escrita por María Antonieta pero en realidad, escrita por Rétaux, amante de Jeanne y supuesto secretario de su marido. Aunque la carta tiene un error garrafal (Rétaux firma Marie Anttoinette, pero la reina tiene la costumbre de firmar con un solo nombre)  Rohan, ciego de ambición, no se da ni cuenta. Jeanne le va diciendo como poco a poco está hablando en su favor y que la reina se está ablandando y, como prueba le dice a Rohan que la próxima vez que coincidan en Versalles la reina le hará un gesto dirigido sólo a él, y Rohan cree ver cumplida la promesa de la reina cada vez que la reina mueve la cabeza o una mano. Para que Rohan caiga completamente en la farsa Jeanne busca a una joven prostituta llamada Nicole Leguay, encarga para ella un vestido exactamente igual al que María Antonieta luce en un conocido retrato, que ha llegado a nuestros días y entrega a Rohan otra carta falsificada en la que "María Antonieta" le cita en un oscuro rincón del Jardín de Venus, del Trianon. Ambos acuden;  la falsa reina  a la que, entre la peluca, la oscuridad y el sombrero apenas se le ve la cara. La chica está muy nerviosa, no sabe a qué juego se está prestando, no conoce al caballero que, nervioso también, le hace reverencias y sólo acierta a balbucear una frase que le han hecho aprender de memoria. De la Motte, que vigila escondido y se da cuente de que Nicole va a meter la pata, grita avisando que se acerca gente. Rohan sale corriendo y desaparece muy satisfecho, decidido a hacer cualquier cosa que le diga Jeanne La "condesa" , dando el definitivo golpe le dice que hay algo que puede hacer para asegurar su victoria y le explica: la reina está encaprichada de un collar de diamantes, pero no tiene en ese momento el dinero necesario para pagarlo y estaría muy agradecida  si Rohan lo comprara en su nombre, en secreto, pues no quiere hacerlo  público por cuestiones de imagen.  El cardenal, que ya se ve Primer Ministro, compra el collar el 29 de enero de 1785,   por un millón seiscientas mil libras pagaderas a dos años en cuatro plazos semestrales, y se lo entrega a la de la Motte el 1 de febrero de 1785 quien, a su vez, se lo da en presencia del cardenal, y en medio de un gran secreto, a un supuesto lacayo de la reina, en realidad su cómplice Rétaux de Villette disfrazado. Por haber favorecido esta negociación el joyero le regalará a la estafadora varias joyas. Lo estafadores se ven con una fortuna fabulosa en las manos, desmontan el collar y comienzan a vender los diamantes sueltos. Empiezan pidiendo un alto precio por ellos, pero no hay joyero en París que pague tanto y comienzan a venderlos a bajo precio. Y entonces comienzan a torcerse las cosas. Un joyero va a la policía y les cuenta que "alguien" está vendiendo diamantes a un precio irrisorio. esto hunde el mercado de diamantes en París. y el denunciante y sus colegas se están viendo perjudicados. Además, deja caer que teme que esos diamantes sean producto de un robo, porque no es normal que salgan al mercado tantos diamantes de golpe.  La policía de París detiene a Rétaux y lo interroga sobre la procedencia de los diamantes; al enterarse que son de la supuestamente poderosa condesa de Valois de la Motte, lo dejan en libertad. Esta, no obstante, se da cuenta de lo arriesgado de la operación. pone unos puñados de diamantes en los bolsillos de su marido y lo envía a Londres, para que los venda allí, donde nadie haga preguntas.

Con los ingresos de la venta de los diamantes, los Valois se retiran a Bar-sur-Aube, donde habían adquirido previamente una residencia, y comienzan a vivir por todo lo alto, sin que su fastuoso estilo de vida levante sospechas sobre el misterioso origen de su fortuna. Solamente el cargamento de alfombras, vajillas, plata que la condesa compra para la casa  y otras nimiedades (como un vestuario fastuoso para ella y para su marido)  ocupa 24 carretas.  Dan banquetes espléndidos y reparten dinero a manos llenas, lo que refuerza en todo el mundo la certeza de que son inmensamente ricos.

 Mientras tanto, ni tan siquiera en el propio cardenal de Rohan, que no puede ser más tonto, se hace preguntas sobre esa repentina fortuna. Sólo se pregunta por qué la reina no luce nunca el collar que le ha comprado. La condesa justifica esto con que la reina no desea que su esposo Luis XVI sepa que lo tiene hasta que esté completamente pagado, por si acaso el rey, conocido por su prudencia económica, deseara devolver el carísimo collar. El cardenal se da por satisfecho, mientras que, en medio de una vida de exorbitante lujo, la condesa se convence a sí misma de que, en caso de que el cardenal de Rohan se dé cuenta de la estafa,  preferirá pagar y  mantenerse en silencio para evitar la pública humillación de reconocer que los Valois de la Motte le han estafado, en total, cerca de dos millones de libras. Conforme se acerca el 1 de agosto de 1785, día de vencimiento del primer pago de 400.000 libras que había de hacer la reina al cardenal, y éste a su vez a los joyeros, la condesa comienza a darse cuenta de que toda su estafa es tremendamente endeble, y aunque cuenta con que el cardenal, una vez descubra que la reina no le va a pagar el collar, y con ello la estafa, no aireará el asunto, decide por si acaso ganar tiempo pidiendo a los joyeros, en nombre de la reina, una rebaja del precio del collar de 200.000 libras, con la que espera desviar la atención. Los joyeros, que apenas pueden sostener su penosa situación, deciden al fin acceder a la rebaja. Pero, en vez de comunicárselo a la condesa, Charles Boehmer aprovecha que el 12 de julio ha de reunirse con la reina para entregarle unas joyas para, igualmente, entregarle una carta en la que le comunican, en un lenguaje un bastante  opaco por lo alambicado y muy elogioso, que "aceptan humildemente su petición (de rebaja)". María Antonieta lee la carta, y no entiende nada. Por su carácter superficial, descuidado e imprudente destruye, como es habitual en ella, la carta, y se despreocupa inmediatamente del asunto creyendo que se trata de un oscuro agradecimiento escrito por parte de Boehmer. Boehmer, por su parte, cree cerrado al fin el negocio.

Conforme se acerca el día del primer pago, no obstante, la condesa se va dando cuenta de que el joyero va a exigir el pago. Desesperada, decide destaparles a los joyeros el fraude: les envía una carta en la que reconoce que la garantía de pago que el cardenal posee en nombre de la reina es falsa, pero que el cardenal, siendo rico, puede pagarles él mismo el collar. Sin embargo, los joyeros desconfían del cardenal, que siempre anda endeudado, y desesperados como están, se presentan ante la reina, creyendo que es ella la que tiene en sus manos  el collar. Boehmer se presenta en Versalles el 13 de agosto, María Antonieta lo recibe, y en menos de un minuto descubre el joyero que la reina ni tiene el collar, ni ha sabido nunca nada del asunto. Al interrogar a Boehmer, la reina  descubre que el collar fue comprado por el cardenal de Rohan en su nombre; María Antonieta, que, por influencia de su madre María Teresa, desprecia profundamente a de Rohan, se siente ultrajada por esa estratagema, en la que cree ver una venganza del propio cardenal, a quien considera su enemigo. No se muestra dispuesta a pasar por alto cómo de Rohan ha usado, supuestamente, su nombre en su propio provecho, mezclándola en una estafa. Así, la reina María Antonieta informa de manera casi inmediata a su marido Luis XVI, y el 14 de agosto le exige que actúe inmediatamente contra el cardenal de Rohan, a quien acusa de haber usurpado su buen nombre. Al día siguiente, el 15 de agosto, cuando el cardenal –que es capellán del rey- se prepara para celebrar con gran ceremonia la fiesta de la Asunción, el rey lo llama a su despacho privado y, en presencia de María Antonieta, se ve obligado a dar explicaciones acerca del expediente presentado contra él. Rohan se muestra confundido, pues todavía creía contar con el favor de la reina; poco a poco se va dando cuenta de la estafa de la que ha sido objeto, y confiesa al rey la novelesca implicación de la condesa de Valois de la Motte, de quien ni el rey ni la reina han oído nunca hablar. La ira de María Antonieta, que cree que el cardenal la insulta aún más con esa historia, crece hasta el punto de que urge a su marido a que detenga inmediatamente al cardenal; Luis XVI cede, y, ante toda la corte reunida para la Asunción, el cardenal de Rohan es arrestado públicamente y encarcelado en la Bastilla. Al detener al cardenal de Rohan de manera pública estalla un gran escándalo. La nobleza francesa, desde siempre enemistada con la reina, se siente atacada e insultada por tal maniobra. El cardenal de Rohan es miembro de una de las primeras familias de Francia, y el trato que ha recibido, siendo detenido de manera pública como un vulgar ladrón, indigna profundamente a la nobleza, que, considerando a Luis XVI como una persona débil y bonachona, no duda en acusar a María Antonieta de haber orquestado todo el asunto para humillar públicamente no sólo a de Rohan, sino a la nobleza francesa en su conjunto; inmediatamente, toda la vieja nobleza se posiciona a favor de Rohan, y comienza a instigar una campaña de desprestigio contra la reina. Al tiempo, conforme se van conociendo los detalles de la estafa, una ola de indignación sacude al pueblo de Francia, al conocer que mientras ellos malviven con unos pocos sous (centésima parte de la libra), hay nobles que gastan millones en estrafalarios collares de diamantes.

Poco después de la detención de Rohan, la propia condesa de Valois de la Motte, claramente implicada en el asunto, es detenida; su marido, por su parte, está en Londres con los últimos diamantes, y Rétaux de Villette ha huído a Suiza. Igualmente, son detenidos Nicole Leguay, la prostituta que se hizo pasar por la reina, y Cagliostro, sospechoso de estar de acuerdo con la condesa.

La instrucción del caso, pretendidamente discreta, se hace en realidad de manera pública, y levanta un gran interés tanto dentro como fuera de Francia. Por último, los soberanos le permiten escoger al cardenal entre la Justicia del Rey o la del Parlamento de París (una suerte de Tribunal Supremo de Francia, que había sido reinstaurado por Luis XVI tras su abolición en el reinado de Luis XV). El cardenal elige, hábilmente, esta última, forzando un proceso público dirigido por miembros de la propia nobleza, que componían el tribunal.

El 22 de mayo se abre el proceso en el Parlamento de París. Desde un primer momento, queda claro que el proceso va más allá del asunto material del collar, al enfrentarse, por un lado, la reina María Antonieta, que tan torpemente ha forzado el asunto, y por otro la nobleza francesa que tanto la odia. Cualquier sentencia condenatoria hacia el cardenal queda excluida, al estar claro que ha sido víctima de una estafa. Sin embargo, el Parlamento debe elegir entre una absolución con reprobación hacia la conducta del cardenal, que ha usado el nombre de la reina sin su consentimiento, lo cual afianzaría la posición de María Antonieta, o una absolución completa, lo cual hundiría a María Antonieta. Las presiones sobre el tribunal son inmensas, y tras una larga deliberación el Parlamento absuelve, por veintiséis votos frente a veintitrés, de manera completa al cardenal de Rohan, a Nicole Leguay (la prostituta) y a Cagliostro, humillando públicamente a la reina y a la monarquía francesa, cuyo prestigio interno se derrumba. Igualmente, condena in absentia a Rétaux de Villette al destierro, al conde de la Motte a galeras a perpetuidad, y la condesa fue marcada a fuego con la V de voleuse (ladrona) es condenada a prisión perpetua en la Salpêtrière de donde escapa a los seis meses. Furiosa, María Antonieta le pide al rey que el cardenal de Rohan presente la dimisión como capellán del rey y sea exiliado a la Maison de Dieu, una de las abadías usufructuarias del cardenal. El Rey acepta, y tras la sentencia destierra al cardenal, acto que el pueblo y la nobleza ve como un atropello a la decisión del Parlamento, lo cual socava aún más si cabe la imagen de la monarquía francesa. El destierro, no obstante, sólo durará tres años, ya que el 17 de marzo de 1788 el rey lo autorizará a regresar a su diócesis. Como se ha dicho, la condesa de Valois de la Motte huye a Inglaterra: alguien (se desconoce quién) le abre la puerta de su celda y la ayuda a salir de prisión. Conforme la indignación general por los detalles del proceso, que ponen de manifiesto el despilfarro de la corte, crece en Francia, la condesa, refugiada en Londres, se dedica a airear aún más el asunto. Publica unas memorias en las que muestra a María Antonieta como a una sádica lesbiana dada a todo tipo de infidelidades, orgías y derroches, y contribuye con ello a hundir la imagen pública de la reina. 

Tras estallar la Revolución francesa en 1789, la Convención, que ve en ella a una suerte de heroína trágica víctima de la maldad de María Antonieta, la invita a regresar a Francia en 1791 con todos los honores. Sin embargo, poco antes de regresar, la condesa se arroja, en 1791, por la ventana de su casa de Londres. No se puede afirmar que fuera un suicidio de una mujer enajenada, ni un asesinato cometido por agentes monárquicos o un simple accidente.  Con la misma frivolidad que se afirma cualquiera de las posibilidades anteriores, se ha incluido este asunto entre las causas de la Revolución Francesa, pero la realidad es mucho más compleja. La reina estaba ya muy desprestigiada desde tiempo atrás. La nobleza más antigua estaba resentida porque la reina los había sustituido por una camarilla de gente joven, divertida y bella en la corte de juguete que montó en torno a ella en el Trianon, donde pesaba más saber contar historias pícaras, que el abolengo o los servicios prestados al país.  Y el pueblo ya tenia acceso a los libelos difamatorios,  a las cancioncillas satíricas y a los chismes (mucho más exagerados que la realidad) que desde hacía años corrían por París.  El escándalo del collar no fue necesario para "abrirle los  ojos a nadie".

Es fácil comprender que esta trama tan novelesca haya inspirado obras literarias y cinematográficas. Entre las obras literarias se pueden citar el poema "El Gran Copto", de Goethe y la novela "El collar de la reina", de Dumas. En cuanto al cine, solo mencionaré la película "El misterio del collar", de 2.001, dirigida por Charles Shyer, (es la última que conozco). Si alguien sabe de más, le ruego me lo haga saber para incluirlas aquí. La pelìcula mencionada tiene por protagonistas a Hillary Swank (Jeanne Valois), Adrien Brody (Nicolás de la Motte) y Simon Baker (Marc Rétaux de Villette) y cuenta con secundarios de mucha categoría como Brian Cox y Jonathan Pryce. La película cuenta a su favor con haber sido rodada en Versalles, lo que le otorga una reconstrucción de época por encima de lo habitual y un vestuario muy destacable. por lo que fue nominada al Oscar, aunque no lo ganó (se lo arrebató Moulin Rouge). Pero también hay que decir en su contra con alteraciones como presentar como víctima  Jeanne Valois y  como antagonista a Rohan, además de introducir un personaje inventado que es un chambelán que hace de narrador y el que descubre la estafa. En una crítica de la película leo lo siguiente: 

Pese a sus virtudes, El misterio del collar no es un film que haya quedado en el recuerdo precisamente. En parte porque desaprovecha sus enormes posibilidades al decantarse por un tono algo romántico y superficial, a la vez que un estilo narrativo excesivamente dependiente de ese pasado de la protagonista dulcificando lo que en realidad debería ser el relato de un enorme fraude. En ese sentido, quizá hubiera sido más efectivo un enfoque pícaro y desenfadado, pues es precisamente en las escenas de ese cariz cuando mejor funciona. El resultado es la carencia de alma, de pulso.


Quizás yo debería aceptar  que quien sabe escribir guiones no tiene conocimientos históricos, y viceversa. Qu la única solución es que un guionista que aborda un tema histórico o de época, se preocupe de contratar un asesor histórico solvente ytrabajen codo con codo.


Una reciente serie de Netflix, Lupin,  que ha cautivado al mundo, ha vuelto a recordar a muchos este episodio. La serie comienza con una subasta celebrada en El Louvre de un extraordinario collar de diamantes, que es robado por el protagonista aprovechando la subasta. He visto en internet multitud de artículos que giran sobre "La serie Lupin se inspira en un suceso real" y en los cuales organizan un embrollo ante el que hay que decir:

1. Si alguna de las 20 novelas de Maurice LeBlanc protagonizadas por el personaje ficticio Arsene Lupin menciona que existe un collar que perteneció a María Antonieta que sea susceptible de ser subastado en el Louvre o en cualquier otro lugar estuvo alguna vez en manos de Rohan o la falsa condesa, Maurice LeBlanc  se equivoca. El collar de la estafa fue desmontado y los diamantes fueron vendidos, parte en Francia y parte en Inglaterra,  a fines del siglo XVIII. Punto.

2. Y si encima de meter en una serie del siglo XXI un collar que protagonizó aquel episodio se aprovecha para contar MAL aquella historia (incluyendo que Luis XVI compró el collar para la reina y que esta no lo quiso, argumentando "que Francia tenía necesidades más importantes"  o que Jeanne Valois era amante de Rohan). Apaga y vámonos.


Si alguien se pregunta como  pudo ocurrir todo, hay que decir que porque coincidía con lo que todo el mundo conocía (o creìa conocer) de María Antonieta: frivolidad, imprudencia, adicta a la diversión y al lujo. Por eso Rohan,  los joyeros, todos esos nobles que creyeron a  la Valois y la recibieron en sus salones, cayeron en la trampa. El carácter y el comportamiento previo y continuado de María Antonieta propició que la estafa pudiera existir. A ninguno de los implicados les pareció que el asunto era demasiado extraño para ser verdad o que aquello oliera a chamusquina  Por otro lado, opino que  María Antonieta, y no Rohan fue la gran perjudicada en este asunto.







domingo, 1 de agosto de 2021

68. Pugachov, el cosaco que se hizo pasar por Pedro III

 

Nacido en una familia de cosacos del Don, a los dieciocho años Pugachov fue reclutado a la fuerza por el ejército ruso, como era habitual por aquel entonces, y separado de su familia. Combatió contra los prusianos en la Guerra de los Siete Años (1756- 1763).

En septiembre de 1773, tras haber desertado del ejército ruso después de participar en tres guerras, disgustado por el gobierno de la zarina Catalina la Grande, lideró una revuelta de los cosacos del Don a lo largo de la cuenca del Volga y del bajo Ural, dándose a conocer como el fallecido zar Pedro III, ya que a miles de kilómetros de distancia de San Petersburgo nadie conocía la apariencia del zar que había muerto asesinado casi diez años atrás. Pedro III, nieto del famoso Pedro el Grande, había muerto en 1762 asesinado por su esposa, tras reinar únicamente medio año y ser derrocado en un golpe palaciego que Catalina encabezó. Dado que Pedro apenas tuvo tiempo de darse a conocer, muchos dieron por buena la impostura de Yemelián y le siguieron entusiasmados contra la odiada prusiana que ocupaba el trono.

El levantamiento de Pugachov empezó con unos pocos centenares de cosacos, pero llegó a poner en peligro la estabilidad del gobierno imperial en la región del Volga, aunque las autoridades inicialmente le prestaron muy poca atención. Las principales razones del levantamiento, según parece, eran las míseras condiciones de los cosacos, que habían pasado a un segundo plano social, y en general de toda la servidumbre rusa, que vivía prácticamente en condiciones de esclavitud para sus señores, según la estructura social y de poder que imperaba en la Rusia de aquel entonces.

Pugachov impartiendo justicia

Su escaso número inicial no preocupó a las autoridades pero a medida que fue creciendo y extendiéndose por la región del Volga, donde se les unió el campesinado ruso, el asunto tuvo que empezar a considerarse. Poco a poco se incorporaron también otros grupos y etnias, como los tártaros o los bashkires, respaldados además por el bajo clero, tanto el ortodoxo como el protestante, católico e incluso musulmán, en apoyo de la libertad religiosa.

El movimiento, que tenía fuertes tintes sociales y revolucionarios, fue volviéndose progresivamente más violento: por indicación del propio líder, los siervos asesinaban a sus amos -familiares incluidos-, las haciendas acababan en llamas y, en suma, el orden se subvertía amenazando incluso a las ciudades, ya que el el ejército ruso se encontraba muy lejos en esos momentos, luchando con los turcos.

Pugachov supo ganarse simpatías entre las masas empobrecidas al proclamarse directamente como el zar Pedro III (y no como un simple usurpador carismático) y mover serias turbulencias políticas en las provincias imperiales rusas, sobre todo en las de Astracán y de Oremburgo, movilizando una tropa numerosa de rebeldes, con apoyo de clérigos locales, tanto cristianos ortodoxos como protestantes, e incorporando a sus filas cosacos, campesinos rusos, tártaros, y turcomanos, todos descontentos con su situación inferior dentro de la sociedad rusa.

La revuelta obtuvo importantes victorias atacando primero pequeños destacamentos militares en una región tradicionalmente poco atendida por el gobierno zarista, ya que la mayoría de las fuerzas de combate rusas se hallaban en el frente turco, intentando abrir una salida al mar por el puerto de Azov. La autoridad central no prestaba mayor importancia a la revuelta, hasta cuando se supo que Pugachov y sus hombres controlaban ya una extensa región en las planicies al este de los Urales.


La violencia de su ejército fue aumentando, atacando las grandes fincas de los terratenientes, asesinando a los que habían sido sus señores y violando y matando a sus mujeres e hijas. El rostro de Pugachov se pintó sobre un cuadro de Catalina la Grande dejando únicamente los ojos de la zarina, como un acto de humillación al poder, mientras Pugachov creaba una improvisada burocracia civil y militar con sus seguidores más capaces, copiando en lo posible la estructura del régimen de Catalina la Grande. 

Posteriormente, al reunir un ejército de varios miles de combatientes, Pugachov atacó la ciudad de Oremburgo en octubre de 1773, sitiando la ciudad aunque sin poder conquistarla. Poco después, en noviembre del mismo año, sus tropas tomaron por asalto la ciudad de Samara, importante foco comercial, controlando así una extensa zona entre los Urales y el Volga, lo cual aumentó la alarma en la corte de Catalina la Grande y exigió el envío de más tropas para detener una rebelión que adquiría proporciones masivas.

La tropa de Pugachov formada por 30.000 hombres llegó a ocupar la importante ciudad de Kazán el 12 de julio de 1774, pero no pudo dominar su ciudadela fortificada, y éste resonante éxito fue finalmente de poca importancia en tanto los rebeldes fueron derrotados y casi exterminados por las tropas imperiales enviadas en auxilio de dicha ciudad.

Posteriormente, el ejército de los rebeldes fue vencido antes de llegar a Tsaritsyn (actual Volgogrado) en agosto de 1774, con grandes bajas para las tropas imperiales, pero con gran pérdida de vidas entre los hombres de Pugachov.

Se intentaron varias tácticas contra él. Así, se capturó a su familia y fue mostrada públicamente pueblo por pueblo para demostrar que él no era el asesinado zar. Pero el fin de las hostilidades llegaría con la firma del tratado de paz con el Imperio otomano, que permitió a las tropas rusas estacionadas en el sur repeler el levantamiento del líder cosaco. Con tropas rebeldes indisciplinadas, sin armamento adecuado, y con la dudosa lealtad de algunos de sus seguidores, Pugachov y sus tropas sufrieron severas derrotas.

Pugachov acabó siendo traicionado por sus soldados en septiembre de 1774, después de que se ofrecieran 10 000 rublos de plata por él. Fue capturado y trasladado a Moscú encerrado dentro de una jaula metálica especialmente fabricada para la ocasión, donde sería juzgado por un tribunal especial. Los suyos, excepto los mandos, recibieron un indulto general -aunque la familia fue desterrada-, pero a él le cayó la atroz condena habitual en la época para los delitos de lesa majestad: muerte por descuartizamiento y evisceración. Sin embargo Catalina, que siempre se había mostrado partidaria de limitar la pena capital, ordenó que antes le decapitaran para ahorrarle sufrimiento; luego se quemó el cuerpo (y su casa) y las cenizas se esparcieron al viento, además de decretarse una damnatio memoriae. Era el 10 de enero de 1775.

Lógicamente, la figura de Yemelián Ivánovich Pugachov fue reivindicada por los revolucionarios de 1917, que, salvo los bolcheviques (reacios a mencionarlo demasiado por haberse autoentronizado e instaurado un sistema patriarcal al estilo cosaco que conservaba la servidumbre), se declararon herederos de su obra y rebautizaron con su nombre la ciudad de Nikoláyevsk. 


viernes, 30 de julio de 2021

67. Mal principio

 El reinado del zar Nicolás II de Rusia comenzó con un penoso suceso. En la ceremonia de coronación en Moscú se entregaron obsequios a todas las personas que participaron. Mientras estas personas estaba aguardando para recibir sus presentes, se corrió el rumor de que no había suficientes regalos para todos. Así comenzó una estampida hacia los mostradores con los regalos, y cientos de mujeres y niños fueron pisoteados y murieron.

Como curiosidad, en el siguiente vídeo se recogen algunos momentos de la coronación de Nicolás II, una de las primeras filmaciones que se conservan (mayo de 1896), aunque no incluye el incidente referido. Como siempre que incluyo un vídeo, aconsejo verlo desde You tube  y verlo a pantalla completa.



jueves, 29 de julio de 2021

66. Washington no fue el primero

 


Cualquier lista de presidentes de los Estados Unidos de América comienza por George Washington en 1789. Si nos ponemos en un plan estricto, estricto, sería así. Pero resulta que Estados Unidos se convirtió en nación en 1.781. ¿Quién gobernó el país en esos años?

Cuando en 1.776 las trece colonias proclamaron la Declaración de Independencia, comenzaron a referirse a las colonias como estados y a ellos como a “Representantes de los Estados Unidos de América”. Sin embargo, esto era más bien descriptivo y no una designación formal.

Cuando las colonias se proclamaron independientes comenzaron a crear una estructura de funcionamiento, pero sin una autoridad central tan poderosa que pudiera hacerse tan opresiva como la monarquía británica, a la que se habían opuesto. Reconocieron la necesidad de un Congreso, un consejo de administración central, pero tenían claro que el Congreso y los Estados debían ser iguales en soberanía.

Estos hombres cultos escogieron sus palabras con todo cuidado y las frases de sus documentos quieren decir exactamente lo que dicen. El documento en el que trabajaron se refiere a “una Confederación”, una liga voluntaria de estados. El artículo I llama a la Confederación “los Estados Unidos de América”.

El 15 de noviembre de 1.777 fueron aprobados los Artículos de la Confederación y la Unión Perpetua, el primer documento de gobierno de los Estados Unidos. Debido a los distintos problemas territoriales, pasaron tres años y medio hasta que los trece estados ratificaran el documento, siendo Maryland el último, el 2 de febrero de 1.781.

Este documento creó la oficina del presidente, para ser designado por un Comité de los Estados y limitado a un término de un año. Los deberes presidenciales incluían presidir el Congreso, la ejecución de leyes, tratados y órdenes militares, la recepción de dignatarios extranjeros y otras funciones rutinarias.

John Hanson
El Congreso, del que George Washington formaba parte, eligió como primer presidente, de forma unánime, al primer candidato, John Hanson, el 5 de noviembre de 1781.

John Hanson, entre otras cosas, ordenó la marcha de todas las tropas no americanas del suelo de los trece estados, quitó todas las banderas presentes de los países colonizadores y estableció el Gran Sello de los Estados Unidos, con el que todos los presidentes aún firman sus documentos a día de hoy. También estableció el primer Departamento del Tesoro, el primer Secretario de Defensa y el primer Departamento de Relaciones Internacionales. También fue el presidente que declaró el cuarto jueves de noviembre como el día de Acción de Gracias.

Su mandato terminó el 4 de noviembre de 1782, porque la duración del cargo estaba limitada a un año. Los sucesores de Hanson fueron Elías Boudinot, Thomas Mifflin, Richard Henry Lee, Nathaniel Gorham, Arthur St. Clair y Cirus Griffin.

En 1787 se propuso un nuevo documento de gobierno, la Constitución de los Estados Unidos, que sería ratificada en 1.788. Así, George Washington pasaría a ser el octavo presidente de Estados Unidos y primero bajo la Constitución, en 1789.

miércoles, 28 de julio de 2021

65. Al borde de un hilo (2) aka El incidente del equinoccio de otoño

 

Fotograma de la película "Juegos de guerra"


......Y seguimos.

Sin tanta trascendencia como el episodio de Able Archer 83, se han producido varios otros que, mientras la mayoría del mundo lo ignoraba, nos han puesto al borde de una guerra nuclear. En esta entrada mencionaré algunos, aunque pasaré de largo por la crisis de los misiles de Cuba de 1.962, al ser un caso demasiado conocido.

Poco antes de las 9 de la mañana del 9 de noviembre de 1979, los ordenadores del NORAD en Monte Cheyenne, el Mando Nacional Militar del Pentágono y el Mando Alternativo Nacional Militar en Fort Ritchie (Maryland) notificaron súbitamente la existencia de un ataque nuclear soviético masivo de la categoría MAO-3.

Todo el sistema de represalia nuclear se puso en marcha, todas las prealertas se transmitieron, los bombarderos despegaron, la defensa civil llegó a activarse. Sin embargo, los datos procedentes de los satélites y de los radares no coincidían, no veían ningún misil soviético mientras los ordenadores aseguraban que había al menos 300 dirigiéndose a toda velocidad hacia los Estados Unidos.

La cordura se impuso y no se produjo ninguna represalia, ni siquiera cuando los ordenadores comenzaron a notificar impactos en el territorio continental de los Estados Unidos. A esas alturas, ya era evidente que se trataba de alguna clase de fallo informático.

En efecto, unas horas después se comprobó que alguien había introducido inadvertidamente una cinta de entrenamiento como fuente de datos del ordenador central de la red de análisis de amenazas. Se da la circunstancia de que por aquella época se estaba considerando la posibilidad de automatizar completamente el sistema de represalia nuclear, sin intervención humana, especialmente después que, en unas maniobras casi el 50% de la fuerza de los ICBM estadounidenses no despegara debido a problemas de conciencia de los operadores de los silos.

El 3 de junio de 1980, menos de un año después de lo anterior, los centros de mando norteamericanos recibieron otro aviso de que había un ataque nuclear soviético en marcha. Sin embargo, esta vez el ataque no parecía obedecer a ninguna lógica consistente, y además a veces los ordenadores decían que había 200 misiles soviéticos en el aire, luego que ninguno, luego otra vez que 200, y las cifras no coincidían en los distintos puestos de mando.

Esta vez no se lo tomaron tan en serio y prestaron inmediatamente atención a los datos directos de los radares y los satélites, viendo que no había ningún ataque en curso. Se determinó luego que un chip defectuoso en uno de los ordenadores había ocasionado la falsa alarma. Este incidente no trascendió a la opinión pública hasta muchos años después.

El sistema ruso de satélites de alerta temprana OKO funciona de manera distinta al DSP estadounidense. Mientras el estadounidense enfoca directamente al suelo, el ruso tiene una órbita especial, similar a la de los satélites de telecomunicaciones Molniya, que enfoca a la línea del horizonte, para detectar a los misiles conforme asciendan sobre la misma. A este tipo de órbitas polares, que se aproximan bastante a la Tierra en el hemisferio sur y se alejan de ella en el Norte, se les denomina genéricamente “órbitas Molniya”. De esta manera, con un solo satélite se puede cubrir mucho más espacio y además es más difícil que reflejos o artefactos propios de la superficie o de la atmósfera terrestre produzcan falsas alarmas. Este método es mejor, más económico, más ingenioso y más difícil de inutilizar que el estadounidense.

Sin embargo, el 26 de septiembre de 1983, sólo 25 días después del derribo de un Jumbo surcoreano por las Fuerzas Aéreas Soviéticas, con los dirigentes de la URSS aún convencidos de que se trataba de un avión espía o de “tanteo de defensas”, los satélites OKO detectaron súbitamente el lanzamiento de numerosos ICBM norteamericanos contra la Unión Soviética. Nada de análisis de los ordenadores: los satélites detectaban genuinas trazas térmicas de alta temperatura ascendiendo sobre el horizonte, y los ordenadores identificaron cinco de ellas como correspondientes a misiles balísticos intercontinentales Minuteman sin duda alguna.


Pues pese a todas estas evidencias, el teniente coronel Stanislav Petrov, del GRU (inteligencia militar soviética), en esos momentos al mando de Serpukhov-15 (centro de mando de la inteligencia militar soviética desde donde se coordina la defensa aeroespacial rusa), mantuvo la sangre fría y se negó a dar la alerta. Cuando le preguntaron después por qué no lo hizo, contestó simplemente: “la gente no empieza una guerra nuclear con sólo cinco misiles”.


Resulta que aquel día se había producido una rara conjunción entre la red de satélites OKO, la Tierra y el Sol, coincidiendo con el equinoccio de otoño: el Sol se elevó sobre el horizonte en un ángulo tal que coincidía con el área tangencial de cobertura de todos los satélites que vigilaban los campos de misiles norteamericanos, y ésto produjo en sus sensores señales térmicas falsas. Este efecto estaba previsto por los diseñadores del sistema, pero no está claro si Petrov era conocedor del mismo o no.


El 25 de enero de 1.995 un equipo de estadounidenses y noruegos lanzó un cohete que tenía la misión de estudiar las auroras boreales. Como es usual, treinta países, incluída Rusia, recibieron información previa sobre el lanzamiento. Pero este comunicado no llegó a tiempo a los operadores de los radares rusos, que informaron de la presencia de algo que tenía un comportamiento similar a los misiles norteamericanos Trident.


Boris Yeltsin, siguiendo el protocolo, recibió el maletín nuclear que lo autorizaba a lanzar un ataque atómico, aunque disponía de diez minutos para tomar la decisión. Afortunadamente, en esos diez minutos los operadores de los radares rusos pudieron determinar que el cohete no suponía un peligro para su país, por dirigirse en otra dirección. De todas formas, hasta que el suceso no fue totalmente esclarecido, 48 horas después, la fuerza nuclear permaneció en pre-alerta.


¿Qué hubiera hecho Yeltsin si el tiempo lo hubiera apurado más? Circulan varias versiones pero probablemente nunca sabremos la verdadera.


martes, 27 de julio de 2021

64. Al borde de un hilo (1)

 


Esta entrada me ha quedado muy larga y por eso la he dividido en dos partes, que hace mucho calor y no quiero agotaros. Si hay que cansarse, más vale que sea de sostener la jarra de cerveza. Mañana publico la segunda parte.

“Estamos al borde de la Tercera Guerra Mundial”. Es una frase que hemos oído muchas veces y en ocasiones ha podido ser verdad. A veces por motivos reales, a veces por un malentendido estúpido, a veces por fallos en procedimientos. Nos libró de ello una casualidad, o que alguien tomó una decisión sensata en un momento crítico.

Una de esas ocasiones tuvo lugar en 1.983 con ocasión de una simulación de la OTAN (Able Archer 83), que intentaba recrear un estado de emergencia en el que se activarían los mecanismos de defensa. Implicaba realizar un despliegue defensivo tan realista que los rusos lo entendieron como una situación de amenaza, disparando todos los sistemas de alerta nuclear.

En años anteriores (veremos algunos casos en la entrada siguiente, por no alargar ésta excesivamente) se habían producido otras alarmas y más recientemente un par de incidentes con aviones que dieron como resultado un nerviosismo generalizado.

En 1.978, un vuelo de Korean Air salió de París con rumbo a Corea del Sur. Una involuntaria violación del espacio aéreo soviético por errores humanos llevaría al avión a ser identificado como un avión militar estadounidense. Después de fracasados intentos de comunicación, dos cazas soviéticos terminaron disparando un misil que obliga al avión dañado a seguir en vuelo hasta aterrizar en un lago congelado cerca de la frontera con Finlandia. El resultado del incidente sería relativamente afortunado: 107 sobrevivientes de un total de 109 personas a bordo, rescatados y liberados unos días después.

El 1 de septiembre de 1.983 un avión de pasajeros (un Boeing 747-200) de Korean Air sobrevoló un área de territorio soviético restringido, en la ruta para unir Nueva York y Seúl, con escala en Alaska. Fue interceptado y abatido en las cercanías de la isla de Sajalín. En el incidente murieron 269 personas. En un primer comunicado, las autoridades soviéticas se limitaron a señalar que un avión no identificado había sido derribado por sobrevolar territorio ruso.

La búsqueda de los restos del avión movilizó a norteamericanos, japoneses y soviéticos (treinta y dos barcos soviéticos, varias decenas de barcos estadounidenses y remolcadores japoneses contratados por los norteamericanos). La búsqueda del KAL 007 fue la más ambiciosa realizada hasta el momento. Lo que interesaba sobre todo no era recuperar cadáveres, sino las cajas negras, pues lo que demostraran aquellas daría la razón a unos o a otros.

Cinco días después, tras la reacción mundial, los soviéticos admitieron que se trataba de un avión de pasajeros, pero que los pilotos no tuvieron forma de saberlo. La búsqueda se abandonó después de varias semanas de infructuoso barrido de un área de 225 millas cuadradas en aguas internacionales.

Años después se sabría que el montaje de búsqueda de los soviéticos en aguas internacionales en el Mar de Japón era una operación de distracción, puesto que los restos del avión ya habían sido localizados, con sus cajas negras. Éstas se entregaron diez años después, tras la caída de la Unión Soviética.

El avión había sido derribado efectivamente, por invadir el espacio aéreo soviético, y sin embargo, las autoridades decidieron mantener la noticia del hallazgo como un secreto, evitando la difusión. En las transcripciones recuperadas, se desvela que la tripulación no estaba al tanto de que estaba fuera de curso y violando el espacio aéreo soviético. La razón por la que se ocultó el hallazgo del avión habría que buscarla en la versión del piloto soviético que efectuó los disparos de los misiles. Según su testimonio, se habían violado los estándares internacionales de intercepción, sin realizar las correspondientes advertencias.

Y aún más, habría una razón por la cual no se siguió el protocolo de intercepción: tan sólo un día antes, un avión espía norteamericano (RC-135 USAF) habría hecho una incursión en la zona en la misma ruta, siendo detectado por radares soviéticos, pero sin llegar a ser interceptado por los caza que resguardaban el espacio aéreo. En tal versión de los hechos, en la que coinciden funcionarios y analistas privados, el KAL 007 sería la desafortunada víctima de una serie de sucesos encadenados con todos los ingredientes de la Guerra Fría, y un trágico malentendido. Según se intuye, es probable que el mismo día del incidente del avión surcoreano, el RC-135 USAF haya sobrevolado la zona, incluso acercándose al KAL, para confundirse en su señal de radar y no ser interceptado como un avión espía. El KAL tuvo su peor error, en el lugar incorrecto, y en el momento menos indicado, para terminar siendo confundido con un avión espía.

Del incidente nacería la utilización del sistema GPS para usos civiles, aprobado por Ronald Reagan. De éste modo se evitarían los errores de navegación, en tiempos en que un desvío de pocos kilómetros se pagaba demasiado caro.

Por todo lo anterior, cuando sólo dos meses después del incidente del KAL 007 se produjo el simulacro de la OTAN, fue suficiente una mínima sospecha para desencadenar la paranoia.

En momentos en que los servicios de inteligencia soviéticos estaban a la espera de los primeros signos de un ataque nuclear, la OTAN comenzaba a simular uno. Para ello, se llegó a utilizar un nuevo sistema de cifrado en las comunicaciones, que fue detectado por los soviéticos. No sabían qué decían los mensajes, pero comprobaron que tenía lugar un aumento exagerado de comunicaciones entre Gran Bretaña y Estados Unidos.Todas las señales inducían a pensar en un ataque nuclear inminente, alimentados por una serie de procedimientos militares inéditos por parte de la OTAN. Ante la amenaza, los responsables militares de la Unión Soviética creyeron que la única oportunidad de sobrevivir a un ataque de la OTAN era adelantarse, disparando los mecanismos defensivos de alerta.

El ejercicio, realizado a lo largo de diez días, fue subiendo el nivel de alerta soviético a un punto dramático, hasta su finalización el 11 de noviembre, que termina de forma abrupta con la amenaza de una guerra nuclear y dispone el fin del alerta.

El 8 de noviembre, por su parte, es calificado como uno de los momentos más peligrosos de la historia, cuando altos cargos de la Unión Soviética se convencieron de que estaban a punto de entrar en un ataque nuclear por parte de Occidente. Todo el arsenal nuclear fue puesto por entonces en alerta máxima, a punto para lanzar un ataque completo a modo de represalia en Europa Occidental y Estados Unidos.


Aunque aún hoy la información sobre el ejercicio y las reacciones soviéticas permanecen como parte de la información clasificada por parte de Estados Unidos, diversos historiadores registraron declaraciones de funcionarios norteamericanos mostrándose sorprendidos por el nivel de reacción soviética ante el ejercicio. Por el otro bando, una única fuente soviética (el agente Oleg Gordiesky) fue la responsable de hacer público detalles sobre el incidente Able Archer 83 y las reacciones.


(continuará)


lunes, 26 de julio de 2021

63. Echar con cajas destempladas

 


Echar con cajas destempladas es una expresión que viene del ámbito militar:

 Acto público por el que un militar, que había cometido alguna falta o delito, era humillado públicamente frente a sus compañeros y mandos tras ser expulsado del cuerpo, o al conducirlo al calabozo o, incluso, antes de ser ejecutarlo.

Durante el trayecto, los tamborileros de la unidad debían destemplar las cajas, es decir, desajustar los bordones (hilos que cruzan el instrumento) o parches, que proporcionan la peculiar sonoridad de los instrumentos de percusión, de manera que acompañaban al encausado tocando unos redobles que sonaban estridentes y nada armoniosos.

martes, 13 de julio de 2021

62. El guijarro de Kafkania (un "bromazo en micénico")

Cuando Evans excavó en Cnossos encontró tablillas de barro cubiertas de signos. Pronto Evans distinguió que había dos escrituras diferentes, a las que llamó lineal A y lineal B. La lineal A, que solo ha podido ser descifrada en una pequeña parte,  sustituyó al jeroglífico cretense y surgió para poner por escrito el idioma minoico. Pero Evans no consiguió descifrar la lineal B.

La escritura lineal B se pudo descifrar bastante después,  tras años de esfuerzos y las sucesivas aportaciones de diferentes personas que, después de muchas conjeturas, iban aportando ideas con las que los investigadores fueron acercándose poco a poco al feliz resultado final.

Michael Ventris
Aunque para la posteridad quedó el nombre de Michael Ventris como quien descifró la lineal B, no sería justo dejar de mencionar a otras personas.




Michael Ventris era un británico nacido en 1.922. Su formación fue como arquitecto, pero entonces no se consideraba que el estudio de las lenguas clásicas fuera un "impedimento" para alguien que fuera a dedicarse después a una profesión "de ciencias", de forma que Ventris era bastante aficionado a las lenguas clásicas ya desde niño.

Con 14 años asistió a una conferencia de Evans y, entusiasmado,  decidió que él sería el que resolviera el problema de las aquellas escrituras. Se dedicó en sus ratos libres a intentar leerlas y traducirlas. Primero pensó que tenían relación con el etrusco y así llegó a publicar a los dieciocho años su primer artículo sobre el tema. Más tarde se dio cuenta de su error y buscó otras posibles explicaciones en lenguas afines, como el griego clásico, hacia el que dirigió sus esfuerzos desde entonces. En sus ratos libres dedicó una gran cantidad de tiempo, dinero y esfuerzo al estudio y comprensión del Lineal B, que fue su gran obsesión. Pasó varios años probando distintas combinaciones de signos, manteniendo abundante correspondencia con varios expertos.


Alice Kober

Precisamente una de aquellos expertos, la estadounidense Alice Kober, le ofreció una pista crucial: que había llegado a la convicción de que la lineal B era una forma de poner por escrito una lengua flexiva (1). Sin embargo Ventris no hizo caso de aquello y cometió un gran error, pues Kober estaba en lo cierto, y eso retrasó quizás años el definitivo desciframiento de la escritura. Finalmente, su colaboración con  el especialista en lenguas clásicas, John Chadwick, junto con el cual pudo descifrar y comprender plenamente el Lineal B. El  día 24 de junio de 1,952, en una entrevista para la BBC, dio a conocer la noticia de que la escritura lineal B había sido descifrada. La gran sorpresa que proporcionó esa escritura es que era una forma de escribir griego. La lengua que nos transmitía esa escritura era, sin duda alguna griego, un griego arcaico, pero griego.

Ventris no pudo disfrutar mucho de su descubrimiento, pues el 6 de septiembre de 1.956 murió, con 34 años, en un accidente de tráfico.

Después de leer gran número de textos, hasta ese momento indescifrables, se llegaba a ciertas conclusiones. Los textos micénicos en lineal B ya leídos tenían en común:

- Eran de carácter contable: inventarios, listas de ganados y otros bienes, etc.
- Todos estaban inscritos en tablillas de barro o pintados sobre recipientes de cerámica
- Ningún documento estaba "ilustrado"
- Todos eran posteriores al año 1.450 a. C.




 Pero he aquí que en 1.994 se encontró en Kafkania, a pocos kilómetros de Olimpia el llamado "Guijarro de Kafkania". Contiene una breve inscripción de ocho signos silábicos en silabario lineal B, que tal vez deben leerse como a-so-na / qo-ro-qa / qa-jo. En el reverso hay un símbolo de doble hacha de la que salían una especie de rayos. Se ha sugerido que qo-ro-qa es un nombre de persona que contiene el sufijo /-ōkʷs/ (-ωπς). Se ha datado la inscripción, a partir del contexto arqueológico, en el siglo XVII a. C. Esto lo convertiría en el testimonio escrito más antiguo de la Grecia continental, y en el documento escrito en lineal B más antiguo. En seguida saltó la polémica porque aquello contradecía TODO lo que hasta entonces caracterizaba las inscripciones en lineal B:

- No era de carácter contable: 
- No estaba inscrito en tablillas de barro ni pintados sobre un  recipientes de cerámica
- incluía un "dibujo" (una extraña doble hacha radiada) en una de sus caras
- Había sido hallado en un estrato correspondiente al 1.600 a. C

Louis Godart lo publicó, echando las campanas al vuelo, diciendo que esto demostraba que los micénicos usaban la escritura para otras cosas diferentes que fines contables, quizás hasta literatura. Hasta que otro experto, un norteamericano llamado Tom Palaima puso de manifiesto una serie de hechos: el guijarro había aparecido el 1 de abril  el "fools day"(que para los británicos es el equivalente a nuestro día de los inocentes), y que, sospechosamente, aparece el nombre del marido de la arqueóloga y de como llamaban a su hijo, un niño que correteaba todo el rato por la excavación. En resumen, que es un bromazo y como inscripción es más falso que Judas. Y ahí acabó el asunto, nadie más dijo ni pío.






___________________

1) Una lengua flexiva es la que tiene que tiene un sistema flexión nominal o verbal extensivo. Una lengua sintética, es decir, un tipo de lengua que combina muchos morfemas por palabra. Una lengua fusionante en la que cada sufijo flexivo expresa varias categorías gramaticales simultáneamente. Ej: camino, caminero, caminera: Sevilla, sevillano, sevillana.





sábado, 10 de julio de 2021

61. La pimpinela escarlata del Vaticano

 


En la entrada anterior comencé diciendo que las ideas para las entradas de este blog venían de muchas y  diferentes procedencias, y mencionaba "cosas que había leído de niña". Esta es una de ellas.

Cuando era pequeña, mi padre recibía todos los años de un amigo, como regalo de Navidad, una suscripción anual a una revista mensual que yo devoraba en cuanto llegaba por correo (Selecciones del Reader´s Digest). Me parecía muy distraída, porque venían resúmenes de libros, artículos de todo tipo y relatos divertidos, tiernos, de intriga… No era española, así que trataba de muchos temas, autores y personajes desconocidos para mí. Todavía me arrepiento de no haber guardado algunos números concretos, como uno donde aparecía un relato muy divertido acerca de las deducciones de un grupo de arqueólogos del futuro al excavar lo que había sido un hotel de carretera de nuestros tiempos. Si hubiera conservado este relato estoy segura de que lo hubiera leído en clase en alguna ocasión.


En esa revista lei por primera vez, hace más de 50 años, sobre el personaje que hoy me ocupa. Le llamaban “La pimpinela escarlata del Vaticano”, así se titulaba el artículo que leí de niña. El mote, puesto por un periodista que escribió una biografía suya, estaba inspirado en la novela de la baronesa Orczy “La pimpinela escarlata”, que tenía como protagonista a un noble inglés que fingía ser un frívolo pisaverde, pero que en realidad utilizaba esa máscara para dedicarse a salvar a inocentes del terror posterior a la Revolución Francesa. Después de aquella lectura infantil me reencontré dos veces más con el personaje.

En una fecha que no recuerdo vi en televisión una película de aventuras muy antigua, protagonizada por Leslie Howard. Era una de las varias que protagonizó dando vida a aquel aristócrata inglés a quien llamaban "La pimpinela escarlata". Hizo varias peliculas sobre las aventuras de ese personaje. Por cierto, a Howard le iba estupendamente el papel de quien recibía ese nombre porque parecía una frágil florecilla (de ahí el sobrenombre) aunque fuera otra cosa muy distinta del indolente aristócrata. Recordé entonces lo que había leído, aunque seguía siendo el personaje de ficción de la baronesa la baronesa Orczy. Aunque el argumento de la película no tenía que ver nada con el personaje sobre el que leí, me hizo recordar aquel artículo de Selecciones.


Pasaron más años y en 1.984 emitieron en televisión española otra película, mucho más moderna. Se llamaba "Escarlata y negro". `protagonizada por Gregory Peck y Christopher Plummer. Y esta vez sí era sobre el personaje que conocí  de niña en la revista de mi padre.

Pero nuestro protagonista no era noble, ni inglés ni vivió en la época de la Revolución. Era un sacerdote irlandés llamado Hugh O’Flaherty. Nació en 1898 en el condado de Kerry, en Irlanda. Terminó sus estudios en Roma y allí fue ordenado sacerdote en 1925. Se doctoró en teología, derecho canónico y filosofía. Después fue destinado a la diplomacia vaticana en Egipto, Haití, Santo Domingo y Checoslovaquia. De regreso en Roma, de vuelta al Vaticano, en 1941 recibió del papa la misión de comprobar el estado de 

los prisioneros de guerra. Se recorría los campos de concentración del norte de Italia, buscando a aquellas personas que habían sido dadas por desaparecidas. Luego, por medio de Radio Vaticano, comunicaba a los familiares su paradero. A través de sacerdotes rurales hizo llegar a los campos alimentos, medicinas y ropa de abrigo, y consiguió la destitución por las autoridades italianas de varios comandantes de campos de concentración que eran conocidos por su dureza. En diciembre de 1942 el gobierno fascista consiguió prohibirle su actuación acerca de los campos de prisioneros.

Como tanta gente, al principio había creído que las confusas y poco documentadas historias que llegaban sobre lo que estaba ocurriendo con los judíos en Polonia u otros lugares eran exageraciones, pero cuando en 1942 los alemanes empezaron a perseguir a los judíos italianos O’Flaherty se dio cuenta de la verdad de todo aquello. En una ocasión se le acercó un judío con un niño y una cadena de oro y le dijo: “Mi esposa y yo seremos detenidos en cualquier momento. No tenemos escapatoria y cuando seamos llevados a Alemania moriremos. Pero tenemos un hijo pequeño, que tiene sólo siete años y es demasiado pequeño para morir. Por favor, coja la cadena y quédese con el niño. Cada eslabón de la cadena lo mantendrá durante un mes. ¿Va a salvarlo?” O´Flaherty escondió al niño, consiguió documentación falsa para los padres, y al término de la guerra reunió otra vez a la familia.

A partir de ese momento comenzó, poco a poco, a ayudar a cualquier persona perseguida o huída de los nazis: judíos de cualquier nacionalidad, prisioneros aliados fugados, partisanos italianos, árabes… Sin darse apenas cuenta aquello tomó unas dimensiones tales que hicieron necesaria la colaboración de otras personas, una infraestructura importante, organización y planificación.

El 3 de septiembre de 1943 se produjo la rendición de Italia, que desencadenó una avalancha de evasiones de prisioneros, al relajarse un poco la disciplina. Miles de ellos se dirigieron a Roma, buscando refugio. El 14 de septiembre los alemanes ocuparon la ciudad y se pusieron como objetivo capturarlos antes de que se acogieran a la neutralidad del territorio vaticano, menos de medio kilómetro cuadrado.

Se corrió la voz de que el monseñor irlandés se ponía todos los días en un lugar fijo de la Plaza de San Pedro, para que acudieran a él todos los que necesitaran ayuda. El Vaticano era territorio neutral y aprovechó esa circunstancia para dar allí un primer refugio a los fugitivos. Poco a poco fue creando una red de escondites clandestinos: pisos alquilados, casas de colaboradores, su antiguo seminario, colegios, conventos, la residencia papal de verano de Castel Gandolfo, granjas cercanas a Roma y el interior del mismo Vaticano. A algunas personas les dio cobijo hasta el final de la guerra; a otras las tuvo escondidas hasta que les conseguía documentos falsos y podía sacarlos del país hacia lugares seguros.

Pronto se le unieron otras personas en “La Organización”. 

El embajador británico ante el Vaticano, D’Arcy Osborne, no podía, por su posición, ayudarlo abiertamente, pero le proporcionaba dinero siempre que podía y puso a su disposición a un hombre extremadamente valioso:

John May,  mayordomo del embajador, persona muy inteligente, que se movía hábilmente en el mercado negro obteniendo todo lo necesario y que se convirtió en su colaborador más importante; el conde Sarsfield Salazar, cónsul de Suiza; el príncipe Filippo Doria Pamphili, proveedor de grandes sumas de dinero,









Molly Stanley, institutriz inglesa de los hijos de la duquesa de Sermoneta;

















 Sam Derry, militar británico capturado en el norte de África que había escapado de un tren cuando atravesaba el norte de Italia. Junto con O’Flaherty, May y el conde Salazar, formó la dirección de La Organización; 











 Otros colaboradores fueron Delia Murphy, esposa del embajador irlandés en Roma; los tenientes Bill Simpson y John Furman; los sacerdotes Borg, Roche o Munster; los superiores de las órdenes religiosas que escondían a fugitivos en sus instalaciones; Hugh Montgomery, secretario de la embajada inglesa que posteriormente se ordenaría sacerdote…











Henrietta Chevalier, viuda maltesa con ocho hijos. Henrietta tuvo escondidos  en su casa a refugiados hasta el final de la guerra. Con la sucesiva incorporación de colaboradores y ante el aumento de personas escondidas (llegó a haber más de 4.000 simultáneamente), se pudieron repartir las tareas para más eficiencia: O´Flaherty se encargaba de las visitas a los enfermos en los hospitales y a los prisioneros de la prisión Regina Coeli, de organizar nuevos refugios y de obtener provisiones; Furman y Simpson, con la ayuda de John May y el Conde Salazar, se responsabilizaban de conducir a los evadidos hasta su refugio, distribuir el dinero y hacer que los suministros llegaran a su destino; John May, que era buen dibujante y fotógrafo, realizaba falsos documentos; Derry coordinaba las operaciones; Molly Stanley vigilaba la prisión Regina Coeli e informaba de los nuevos ingresos en ella. También, con Henrietta Chevalier, visitaba allí a los enfermos.  La ayuda económica procedía de Sir d´Arcy, el príncipe Filippo Doria Panphili y el Servicio de Inteligencia Británico mediante operaciones con Londres a través de Suiza y cambiando moneda en el mercado negro. Es de destacar el valor de los civiles italianos implicados, pues los militares, si eran descubiertos, eran enviados a prisión, pero para los civiles suponía directamente el fusilamiento.

El principal enemigo de O´Flaherty, que convirtió su captura en una obsesión personal, era Herbert Kappler, teniente coronel de la SS y Jefe del Servicio de Seguridad en Roma. Comenzó exigiendo a la comunidad judía de Roma la entrega de dos millones de libras esterlinas en oro con la promesa de que a cambio se les dejaría en paz. El gran rabino de Roma pidió ayuda al papa y éste apeló a la nobleza romana, logrando recaudar en poco más de 24 horas lo exigido. Kappler, por supuesto, no cumplió su palabra, e inmediatamente organizó una redada en el ghetto judío, enviando a sus habitantes a campos de concentración en Alemania. El gran rabino de Roma, Israele Zoller, pudo refugiarse en el Vaticano, y allí permaneció a salvo hasta el final de la guerra. Posteriormente pidió ser bautizado en la Iglesia católica, y tomó el nombre de Eugenio, en agradecimiento a Pío XII.

Pero Kappler es tristemente más conocido por otro episodio, la matanza de las Fosas Ardeatinas, en las que 335 civiles italianos fueron asesinados de un tiro en la nuca en represalia por el estallido de una bomba unos días antes. Después de esta masacre, Kappler estrechó aún más el cerco sobre La Organización, amenazando con detener incluso a personas protegidas por su calidad de diplomáticos.

Hubo muchos momentos de peligro: detenciones y redadas que obligaban a organizar de improviso la evacuación de docenas de refugios, interrogatorios, controles de documentación… Llegó un momento en el que O´Flaherty no podía moverse por Roma. Kappler rodeó el territorio del Vaticano de paracaidistas que montaban guardia permanentemente con orden de dispararle si atravesaba la línea que separaba el territorio vaticano de la Roma ocupada. En una ocasión O’Flaherty se libró por los pelos, escapando de casa del príncipe Doria disfrazado de carbonero. A partir de ese momento salió muchas veces del Vaticano utilizando diferentes disfraces. Otra vez le tendieron una trampa con una falsa llamada de auxilio desde una granja a las afueras de Roma, pero fue avisado. Por último, intentaron asesinarlo mientras rezaba en una capilla en el interior de la misma basílica de San Pedro, siendo salvado por May y varios miembros de la Guardia Suiza.

Por fin llegó la liberación de Roma. La Organización tenía en ese momento a su cargo 3925 fugitivos: 1695 ingleses, 896 sudafricanos, 429 rusos, 425 griegos, 185 norteamericanos y el resto de otras 20 nacionalidades. Los últimos días de los alemanes en Roma fueron momentos de confusión y desbandada. En ese momento, O’Flaherty aún fue capaz de hacer un gran favor a sus enemigos (1).

El trabajo de O´Flaherty fue reconocido con la concesión de la medalla de la Libertad con la Palma Plateada por Estados Unidos; Gran Bretaña lo nombró Caballero de la Orden del Imperio Británico, y el gobierno italiano le concedió una pensión vitalicia que no aceptó.

Pero O´Flaherty no dio por terminada su misión con el fin de la guerra. Miles de soldados italianos prisioneros fueron internados en África del Sur, por lo que sus familiares acudían al Santo Oficio en busca de noticias. Durante varios años O´Flaherty se ocupó de ellos, encargando a un grupo de sacerdotes que confeccionaran listas de prisioneros y le mantuvieran informado. También colaboró en el traslado a Israel de muchos judíos que había salvado de la persecución nazi. Por último, se ocupó de su mayor enemigo. Kappler, condenado por crímenes de guerra, fundamentalmente por la matanza de las Fosas Ardeatinas, estaba internado a perpetuidad en la prisión de Gaeta, entre Roma y Nápoles. Desde la liberación de Roma hasta 1960, O´Flaherty fue su único visitante, acudiendo a verlo una vez al mes. En 1959 Kappler pidió a O´Flaherty que lo bautizara (2).

En 1960 Hugh O’Flaherty sufrió un infarto mientras decía misa, y se retiró a Irlanda, donde vivía su hermana. Murió en su pueblo natal el 20 de octubre de 1963.

Si alguien está interesado en saber más del personaje hay una página web en su memoria con bastante información También existan varias biografías, aunque no sé si están publicadas en España.

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(1) Tengo dos versiones de lo ocurrido y no puedo asegurar cuál es cierta. Según una versión, Kappler pidió en el último momento a O’Flaherty que sacara clandestinamente de Italia a su mujer y a sus hijos para salvarlos de los partisanos. Según otra versión, fue Ludwig Foch quien le pidió que salvara a su madre y a su hermana. Sea cual sea la versión verdadera, O’Flaherty lo hizo.

2) En 1977 Kappler fue trasladado de la cárcel a un hospital para ser tratado de un cáncer. Desde allí, con la ayuda de su segunda mujer (se había divorciado de la primera y se casó en la cárcel con una enfermera con la que empezó a tratarse por carta), se evadió y huyó a Alemania. Este hecho causó una crisis diplomática entre Italia y Alemania, pues en este país se ordenó que no se persiguiera al huído. Kappler murió en 1978 en Soltau.